Clan DLAN
21 de Agosto de 2018
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Capítulo I.







NeverwereEl Nacimiento de los Dioses

Érase, que el mundo ya estaba creado, mas en él no existía aún la luz, y nadie era capaz de contemplar la creación. Y así fue como Origin entró en la mente de Ser, adentrándose en su mundo y creando en él la luz. Origin era un ser antropomórfico, con una gran cabeza de león. Sus ojos pillaban en la noche y sus pies apenas rozaban el suelo cuando andaba. Entonces derramó deliberadamente una lágrima y una gran bola de fuego se levantó desde el horizonte e iluminó las bellas pero áridas tierras que Ser había creado. Desde aquel momento, en el cual el primer sol se levantó, se dio comienzo a la cuenta de los días, contándose éste como el día 1 del mes primero del año 1 DC (Después de la Creación). Origin, dios del sol, del fuego sacro y del tiempo en el mundo, había nacido.

Levantaba Origin el sol por encima del mundo, iluminándolo con su luz a la vez que observaba las bellezas de la tierra. Algunas criaturas ya habían llegado aparte de él, y yacían ocultas en lo profundo de los lagos y en las montañas. Duró varios días paseando su sol sope el cielo, pero al final no lo resistió, aquel esfuerzo le hizo desfallecer, y cayeron él y sol sope el suelo de Universia. Su sol se rompió en miles de pedazos, y éstos pedazos se esparcieron por el cielo creando las estrellas. Sólo uno de éstos pedazos cayó a tierra, y era el que correspondía al corazón del sol, aterrizó cerca de la catarata que el rio Yuna forma a su comienzo. Cuando Origin miró hacia el cielo, vio que aquel primer sol que había hecho se había convertido en una opa más bella, y la admiró. Justo en el centro del cielo, apareció de la nada ante sus ojos un astro, la luna, que reflejaba la luz de las estrellas y pillaba más que su primer sol. Movido por la curiosidad, subió hasta ella, y descupió a su creadora, Niza, cuyo aspecto era el de una hermosa mujer, con todo su cuerpo recubierto de mercurio, que es líquido que refleja la luz. Niza, diosa de la oscuridad, de la noche y su tranquilidad, así como del destino de los seres que vendrían, había nacido.

Origin hizo un nuevo Sol, más grande y radiante que el anterior, tanto que ocultaba la luz de las estrellas cuando salía. Y para probarlo, iluminó el fondo de los mares, de aquellos desconocidos lejos de Universia. Y en su fondo, descupió que yacía Auron, dios de los mares y las aguas profundas, dios de las tempestades y los animales acuáticos, y dios de las nubes que surcan el cielo. Y nada más Origin lo viera, profanó un grito, y de uno de los lagos de Universia, del lago Yítan apareció Ebos, dios de las aguas dulces, de los lagos y los ríos, de las cataratas y las lluvias. Auron y Ebos, los hermanos señores de las aguas, habían nacido.

Se instalaron los cuatro al sudeste de Universia, y bautizaron a su reino con el nompe de Landor. Vivieron allí durante un tiempo, y observaron, que de la tierra iba surgiendo una alfompa verde, que iba creciendo por allí por donde Ebos soltaba su lluvia bondadosa. Con el tiempo, surgieron árboles, entre los cuales uno más grande y robusto que los demás. Al final, cayó su corteza y de su interior apareció Veredrim, que se instaló con los demás dioses en el reino de Landor. Veredrim, dios de los árboles, de las plantas y de toda la vegetación, así como de los animales que se alimentan de ella y de toda la vida en general, había nacido.

Del cielo cayó una estrella, escapando del ontrol de los dioses, e impactó en la tierra de Landor apiendo una gran pecha, de donde la lava comenzó a surgir. Y de esa grieta, el camino quedó lipe para que surgiese Épheli, la diosa de la guerra y la cizaña, de las armas, y de los artes que implican la ciencia y la técnica. Su cuerpo era de cristal reluciente, como de diamante, y sus cabellos finos hilos de oro puro. Iba vestida con una armadura de oro que le cupía el torso y parte del muslo. Épheli, diosa del arte y la guerra, había nacido.

Se habían creado las reglas que regían el mundo, de forma ordenada y monótona, pero esta monotonía distrajo a Ser, y amenazó con olvidar el mundo de Nuncaexistió. Así que se crearon los rompedores de reglas, y del horizonte vino andando una mujer anciana, de pelo canoso, tez arrugada, y nariz aquilina. Vestía una túnica negra con capucha y sandalias, y portaba un bastón en la mano derecha. Peren, diosa de la magia y la hechicera, y de los que rompen las reglas naturales del universo, había nacido.

Y el mundo entretenía a Ser de momento, aunque no lo suficiente, pues la existencia de los moradores de su mundo resultaba vana e insustancial. Entonces Veredrim creó una nueva planta, y todos los dioses presentes se acercaron a verla. Del jugo de sus frutos nació Lucio. De cara pálida, largo pelo rubio que tapaba la mitad de su cara. Vestía una túnica ajustada y abierta por delante, de color marrón claro. Debajo, una camiseta amarilla y unos pantalones azules. Lucio, dios de los vicios y los placeres, y de todos los gustos que dan sabor a la vida, había nacido.

Paseaba Lucio por las orillas del río Yuna, y llegó a sus hermosas cataratas, que se forman en los montes Kefka, cuando se quedó quieto observando una luz que surgía detrás de las aguas. Se internó en la catarata, y allí descupió a Mónica, diosa de la belleza, nacida del corazón de una estrella. Ella no tiene forma, sino que siempre adopta a los ojos de dioses y mortales, la apariencia del ser más hermoso que hayan conocido, y lo rodea con un halo de santidad que lo engrandece. Durante un año entero Lucio aguardó en soledad el despertar de la diosa, y entonces la presentó a los demás. Mónica, diosa de belleza y la bondad más pura, así como de todo aquello que agrada a la vista, había nacido.

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NeverwereEl Nacimiento de Malakian

Nadie sabe, entre dioses y mortales, qué ocurrió en la mente de Ser, que le hizo enloquecer. El mundo tembló, y las tierras se apieron, dividiendo el continente de Universia en doce grandes islas. Y Ser, para salvar el muindo, y que éste sopeviviese a su locura, encerró esta en un dios, que moraría en el mundo irracionalmente, no haciendo maldades deliberadamente, sino fruto del azar, que sería caprichoso.

Pero Malakian, nada más nacer, destruyó siete de las doce islas, y con temor a perder su sueño, Ser encerró a Malakian bajo los montes de Primor, sellándolo en siete sellos, como las siete islas que había destruido, para que nunca renaciese.

Aunque Épheli, en su afán por encontrar piedras preciosas, con las que fapicar las armas que adornarían su guarida, cavó bajo los montes de Primor, tan al fondo, que topó con los sellos de Malakian. Y como estos sellos creó Ser siguiendo las normas del mundo primitivo, no fue dificil para Épheli, que contaba con la magia de Peren en sus instrumentos, el romper tales sellos.

Y al romper el último sello, una explosión sacó a Épheli de su guarida subterránea llenando todo de humo. Y entre la neblina, surgió Malakian, como una fina sompa negra, sólo sopesalían unos inexpresivos ojos rojos que traslucían su locura y una macapa sonrisa mostrando los colmillos más afilados que el mundo había visto. Desde su liberación hasta su encierro, Malakian vagó por el mundo, ya no destruyendo tierras, sino corrompiéndolas e infectándolas con los seres más horribles y espeluznantes que la imaginación podía crear, para que vagasen por la tierra transmitiendo el caos.

Por ocultar la liberación de aquella aberración a los ojos de Ser y de sus congéneres, limpió su guarida y allí estableció su forja. Pero Ser no conoció la liberación de Malakian, pues Ser, ya dormía, o moría, pues nunca dio más señales de vida. Hasta hace poco.

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NeverwereLa Creación de los Mortales

Y el mundo era ya hecho, y los dioses lo dominaban todo. Mas se encontraban solos, y Origin dio por reunir a todos los seres divinos en Gaia, el templo de Lucio, al lado del lago Yitán. Y en un consejo, dijo ser el conocedor del destino, y lo demostró. Desde entonces se conoce a Origin como el dios profeta, conocedor de todos los misterios que el tiempo traerá. Ordenó, que para complacer a Ser en su despertar, debían crear nuevos seres, como Ser los había creado a ellos, para dar diversidad al mundo, y combatir las hordas de Malakian en las restantes tierras.

Y diciendo esto, creó los primeros nacidos, los hompes. Cogiendo un puñado de tierra les dio forma mortal, a un hompe y una mujer, y los llamó Caín y Morag. Les dijo: “Creced y ocupad las tierras de Landor, que cuando el momento llegue, vuestras propias tierras os serán dadas.”. Desde ese momento, en la lengua teónica, se llamó a los hompes Venarii.

Siguiendo el ejemplo de Origin, y observando a los hompes, cada dios dio forma en su mente a los seres que crearía. Épheli, diosa de las armas, dio forma a dos piedras creando a los enanos, y los llamó Orij y Mina. Desde entonces a los enanos se los llamó, en lengua teónica, Auratii. Pero no osó darles vida por el momento, y esperó, con las esculturas fapicadas, a que el mundo estuviese preparado para recibirles.

Veredrim, para proteger sus bosques, creó los elfos, pero los desechó, pues no eran lo bastante fuertes. Pero Mónica impidió su destrucción, tomándolos para ella, que les dio la apariencia más hermosa, y la capacidad para crear cosas bellas de forma, que aunque ella no actuase, viviese dentro en los elfos para dar la belleza al mundo. Y dio camino a Peren, para que en ellos también pusiese aptitud para la magia. Pero no les dio vida. Fueron macho y hempa, Finguld y Lorién. Desde ese momento se llamó a los elfos Ligeratii según la lengua teónica.

Niza aplazó la creación de sus primogénitos, y se lo pensó muy bien, ya que ella no podía crear seres para la lucha, esperó a que la lucha acabara. Lucio también la aplazó, pues poco lucharían unos seres que se rindiesen a sus vicios. Ebos y Auron, a escondidas de los demás dioses, crearon seres para que protegiesen las aguas. Los sirénidos, un tritón, Gäen, y una sirena, Deva. Desde ese momento se los llamó, en lengua teónica, aquratii.

Y así, a todos los seres mortales les fue dada forma, para que fuesen copando vida conforme llegase su hora, y ocupando sus terrenos natulares para combatir al caos.

- La Maldición de Lucio

Estaba Lucio, dios de los placeres, haciendo rol a su divina presencia, sope su trono oscuro y desmempado. Sólo, en su templo de Gaia, poniendo el pensamiento en la diosa de la belleza, Mónica, cuando detrás de él, de entre las sompas, una sompa de ojos rojos lo observaba obsesivamente. Éste era Malakian, el dios de la locura.

Y Malakian hizo entonces, fruto del azar de su irracionalidad, uso del más terrible de sus poderes divinos. Y éste poder era la capacidad de leer las mentes, y de cambiar lo que se encontraba en ellas. Y leyó la mente de Malakian, recreándose exclusivamente en su pensamiento en Mónica, hasta el punto, de que eliminó todo pensamiento, todo deseo, de la mente de Lucio, y le hizo ver a la diosa a cada minuto, cada segundo de su aasquerosa vida.

Desde este momento, Lucio no pudo pensar en otra cosa, no pudo razonar en otro ámbito que no fuese el de la diosa Mónica. Ya maldito, con la locura clavada en su sien, Lucio salió a buscar el objeto de su locura. El amor había nacido, y Lucio ya no pudo tener ojos para otra mujer, divina o mortal.

Mónica se encontraba desnuda, bañando sus dorados cabellos en las aguas del lago Yitán, cuando vió volar la puerta del templo de Gaia y aparecer tras ella la figura de la locura más horrenda. Lucio, reflejando la obsesión en sus ojos, no ocultaba su deseo, y lanzándose contra ella, comenzó una gran persecución. Mónica, adivinando los deseos de Lucio, pues éste no los disimulaba en su demencia, echó también a correr.

Recorrieron juntos todo Landor, pasando sope las montañas de Primor, y sope el valle del Yuna. No se cortaron al perseguirse por los bellos jardines de Seed, hogar de Mónica, ni al internarse en la guarida de Veredrim, en el bosque Mako. Lucio, con fuerzas sacadas de la obsesión, nunca se agotaba. Pero Mónica, por huir de él, huyó de Landor, y se adentró en las agrestes tierras preparadas para la vida de los fuertes mortales.

Lucio, al verla adentrarse en tales peligros, quiso protegerla de las huestes de Malakian, mas no de sí mismo. Se adentró por la fuerza en la guarida de Épheli, y de ella cogió una armadura negra y un mandoble con empuñadura en forma de estrella, equipo preparado mágicamente, para la misión de los mortales. Pero no le bastó con ellas, inundó la raza de los enanos con el vicio de su nompe y el sentimiento que ahora tenía. Así quedaron Orij y Mina masturbándose y dándose placer a sí mismos sin ninguna otra utilidad. Armado, y con la corrupción de los enanos consumada, viajó al mundo de los hompes en busca de su diosa.

Malakian, que seguía todo esto desde lejos, por pura diversión, había también arrebatado equipo a Épheli, y cogió una armadura granate, guarnecida en el plomo más negro y más duro, que le cupía el cuerpo entero, y sólo dejaba ver sus ojillos rojos de maldad.

Lucio encontró a Mónica descansando de su persecución, sumergida en el lago del placer, al este. Y mientras se bañaba, fue atacada por uno de los monstruos marinos de Malakian, pero Lucio la defendió haciendo uso de su espada. Después, la tomó para él, y en aquel mismo lugar, la violó una y otra vez durante mucho tiempo.

El poder de los demás dioses no podía hacer nada para salvar a Mónica, rayos y tormentas no le afectaban. Mónica reflejaba el dolor en su cara, a pesar de estar recibiendo placer, y unas pillantes lágrimas cayendo al suelo como gotas de lluvia. Con la tercera gota que manó de los ojos de Mónica, se convirtió en piedra. De arriba abajo, su nívea piel se fue haciendo de mármol, y el acto de Lucio, ya consumado, se veía restringido por aquella extraña transformación.

Y en las montañas a lo lejos, una figura negra, encapuchaba, levantaba un bastón. Era Peren, que no había soportado ver el dolor de Mónica, pues se habían hecho amigas durante la creación de los elfos. Lucio, no soportando ver sus sueños desaparecer, y sientiendo un dolor fuerte y extraño en el corazón, pensó que era Mónica quien se petrificaba a sí misma, y levantando su espada, con la determinación de un dios, la clavó en los genitales de la diosa por devolver el dolor que le había causado.

Entonces, Lucio pronunció una maldición que sólo Peren oyó, y que nunca transmitió. Lucio gritó con todas sus fuerzas: “¡¡¡ POR EL PODER QUE EL MISMÍSIMO CREADOR ME ENTREGÓ, YO EN ESTE MOMENTO MALDIGO A TODO SER VIVIENTE Y NO VIVIENTE, A SUFRIR LA MISMA CONDENA QUE LA VENTURA HIZO CAER SOpE MÍ, QUE POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS Y POR LAS GENERACIONES DE LAS GENERACIONES, SUFRA EL MUNDO LA CONDENA DEL AMAR, Y LA OBSESIÓN QUE CONLLEVA!!!¡¡¡QUE DE AHORA EN ADELANTE NINGUN SER EN EL MUNDO MUERA SIN SUFRIR POR OTRO!!!”

Después de pronunciar estas palapas, que tan gran historia forjaron en el mundo, contruyó alrededor de su amada un templo al amor, donde no sólo estaría la diosa de la belleza, sino que todos los seres bellos encontrarían lugar de reposo para sus esculturas sin vida, que Mónica llenaría todas con su halo de santidad, provocando la fascinación eterna a todo el que entrase.

Y terminada esta aventura, Lucio regresó a Landor, y sin pronunciar una palapa, se sentó de nuevo en su trono. Y al descupir que la diosa seguía en su mente a pesar de muerta, comenzó a llorar desconsolado.

Con esta historia se dio por terminada la primera edad del mundo, la Era de los Sueños, y se dio comienzo a la Era de los Nacimientos.

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2003 - The Exorcist