Clan DLAN
24 de Junio de 2017
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Neverwere.



Más allá de toda lógica, en un plano más allá de la razón, en el cual existen cosas que no existen, había un ser. Un ente jamás creado que tenía pensamiento propio. Y como todos los seres que piensan, su mente soñaba, volaba a través del tiempo y el espacio, y veía vagas representaciones en su mente. Así surgió Neverwere, el mundo que nunca existió, nacido para morir, y ésta es su historia.



Capitulo I. La creación de Neverwere.
Ser. Señor de todas las cosas. Creador de todo lo existente cuando él mismo no existe. Su mente soñadora voló a través de varios mundos, surcó el tiempo y el espacio, y se alejó más allá de ellos. Se situó en un plano donde hasta la imaginación es real, y allí estableció su reino, y creó su mundo según sus caprichos.
Éste era Neverwere, una tierra plana de extensión ilimitada y cubierta por las aguas. E hizo Ser, que en un lugar de ella se levantase un gran trozo de tierra de forma circular, y en ella situó montañas, ríos y lagos a su antojo. Y aquel primer continente se llamó Universia.


Capitulo II. Mortales.
Muerte. Lo más que aquellos seres divinos se habían acercado a la muerte era la petrificación de Mónica, pero aun así, debían crear seres con esta cualidad, y poco a poco se fueron acercando. Con los Aquratii, dos generaciones se equiparan a toda la edad antigua, los elfos viven milenios, y los enanos siglos.
Ser sólo despertaría para visitar a algunos de estos mortales, pues poseen una cualidad que los dioses no tienen: no tienen poder. A veces la falta de cualidades es una cualidad, porque estos efímeros seres hacen más con su corta vida y su muerte que lo que los dioses pueden hacer con su eterna existencia.


Capítulo III. Los Héroes Malditos.
Aunque ya casi nadie la recordaba, la Maldición de Lucio seguía actuando incluso más que en el momento en que fue formulada. Y esta maldición afectaba sobre todo a los mortales, obligándoles a sufrir a favor de otra persona.
Aunque como tal, la maldición, trajo más bendiciones a estos pueblos que desgracias. Los mortales eran capaces de cualquier cosa por otras personas, y llegaban a realizar descomunales hazañas que ni siquiera los dioses habrían imaginado. Que unos seres a los que se les había negado el poder demuestren ahora tenerlo les resulta incomprensible. Porque incomprensible es.


Capítulo IV. Sangre divina.
Tras el largo periodo de calma que abarcó ciento cuarenta y un años, a nadie le extrañó que sobreviniese la tormenta, y es que los dioses, al fracasar en sus intentos de manejar a los mortales que habían creado a su antojo, decidieron ocupar sus guerras por ellos mismos, apartando a los mortales de su camino, si éstos se entrometían.


2003 - The Exorcist