Clan DLAN
21 de Noviembre de 2018
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LOS BREVIARIOS: CRISTOPHER WHITE SEGÚN LEONOR CASTEPARBA
EDMUND SLUSS POR GABRIEL BARNADES


Amigos todos ellos de Camille Fontfroide que una noche, mientras su marido le hacía el amor, soñó con estas palabras. Más adelante Tanto Camille como los arriba mencionados se percataron de su propia inexistencia, fue entonces cuando me fueron transmitidas estas líneas. Pueden resultar estúpidas, Auguste Fontfroide nunca fue un gran amante:

Esta noche he estado con ella, creo, sí, claro que creo. Soy un creador y un creyente, en ambos casos, creo. Ahora en vez de tres, tengo seis dedos y medio, todo es maravilloso, pero una pequeña herida en la uña del meñique rompe un poco la magia, seis dedos y medio… ¿no es increíble?

Quise llorar, irrumpiendo en los pantanos del oscuro norte, mis manos eran pesadas como piedras, mis ojos no derramaron una sola lágrima. Mi reflejo en el agua del pantano sonreía, “busca el río” me dijo.

Ahora todo es luz y gruesos troncos abrazando mi dolor, asfixiándolo. Viene hacia mí y me grita, su piel es blanca sus lágrimas de plomo me rompen los huesos.

Blanca, blanca, blanca miseria, sus palmas chocan mientras ellos bailan. Yo miro hacia otra parte, los días pasan largos en la costa, el sol no tiene vergüenza.

Entró por la puerta y no vaciló en decirlo: sin abrir sus labios me habló del tiempo, vi lluvia, más tarde tormenta y en un relámpago ambos gritamos convulsos de dolor gustosos.

Se dice de sus uñas que son las más vistosas, no bebe agua de la fuente de la plaza ni fuma tabaco de pipa, es ella a quien le debo tanto, quiere dejarme, yo no me dejo.

Asomaron sus cabellos blancos por el umbral de la ventana, cortaba las uvas con un pequeño alambre, sus palabras eran miel, su presencia confortante, te echaré de menos, siempre que quiera.

Estaba enamorado y no quiso decir nada, guardó tanto silencio que se le pudrieron las arras, tardará en reponerse, su corazón es de piedra, sus ojos lloran mierda de paloma.

Reía a menudo, y se tapaba la boca por ello. Cuando perdió las manos dejó de reír y poco a poco se fue consumiendo hasta que de él solo quedaron rumores.

Me ofertaba sus dulces, todas las tardes de enero, sin mucha hambre yo los comía. Su lámpara se apagaba y llegaban bandejas repletas, ¿quién me dirá ahora?, ¿quién me dirá lo hermoso que es el valle al otro lado del muro?.

Le dolía el estómago, fue a quejarse allá al rincón. Pasaron dos días y el dolor no se iba, probó a abrir los ojos, allí estaba ella, y nada más.

“No creo que suceda tal cosa”, afirmó con decisión justo un momento antes de morir ahogado, los atunes no tienen destino el bonito sí, siempre que pueda, “¿Quién ríe ahora?” replicó antes de callarse para siempre.

Estúpido patán, tus sentimientos no pesan, mírame a mí, liviana como una pluma y pegada al suelo como una losa.

¿Vas a decir algo o te vas a quedar todo el día escribiendo versos sobre mi vientre?

No te mueras, amor mío, te he traído mejillones.