Clan DLAN
24 de Mayo de 2018
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Sueño eterno, por Antares


En muchas ocasiones he soñado con mi propia muerte. Al principio me levantaba asustado y empapado en sudor frío, pues en mis sueños era capaz de sentir dolor de forma más intensa de lo que nunca lo había sentido estando despierto. Llegué a temer dormirme para evitarme el sufrimiento de volver a "sentir" como moría y sobre todo para librarme del dolor que lo acompañaba. Con el tiempo, empecé a acostumbrarme a ese dolor onírico; además, la sensación de "volver a estar vivo" me resultaba placentera. Lamentablemente seguir vivo era lo más placentero que podía experimentar. He muerto en mis pesadillas tantas veces, de formas tan distintas y cada vez más dolorosas, que nunca hubiese imaginado que mi muerte llegaría junto a un atracador, con el rostro oculto tras un pasamontañas militar, con una pistola apuntando a la cabeza y rodeado de policías… Joder, ¿cómo he llegado esto?

Cuando me levanté esta mañana nada me hacía presagiar que en pocas horas miraría cara a cara a mi propia muerte. Como todos los días, desperté empapado en mi propio sudor. Ahora mismo no soy capaz de recordar con que había soñado, a decir verdad, ni tan siquiera soy capaz de pensar con claridad. Sentir el frío tacto de una pistola no es algo que ayude a la memoria. Recuerdo que desperté temprano pues esta mañana tenía muchas cosas que hacer. De forma furtiva y en calzoncillos me deslicé por el pasillo de mi piso, intentando alcanzar lo más pronto posible la ducha. Muy a mi pesar aunque en cierto modo gozoso, a mitad de camino me encontré con la novia de uno de mis compañeros que salía de la habitación de este, llevando únicamente una camiseta de tirantes demasiada escasa de tela y tan holgada que pareciera no querer rozar si quiera a aquel escultural cuerpo. Cruzarme con ella semidesnuda por la mañana era bastante duro, pues tiempo atrás había estado enamorado de ella, y aún lo estaba. Aunque ella lo sabía, nunca había escuchado de su boca ninguna apreciación acerca de mis sentimientos hacia su persona. En mi opinión, que se volviese la novia de un amigo mío dejaba bastante claras sus intenciones hacía mi… ninguna. Entré en el cuarto de baño deslizando con el pié una cuña debajo de la puerta, la cual debidamente colocada impedía abrir desde fuera. Me miré en el espejo y vi la horrible cara que se plantaba ante mí. El pelo revuelto independiente, junto con mis ojos medio cerrados y una línea marcada en la cara rastro de la almohada que hasta hacía poco tiempo había estado contra mí. Pero pese a todo, una media sonrisa fruto de haber vuelto a vencer a la muerte en sueños.

Me desnudé completamente y abrí el agua caliente de la ducha. Pasado el tiempo necesario para que el calentador se encendiese, empezase a caldear las cañerías y el agua alcanzase una temperatura agradable, me coloqué debajo del chorro dejando que cayese sobre mi cabeza empapando todo mi pelo, recordando después que no debería de haberlo hecho. Una de las desventajas de tener el pelo largo es que no existen las duchas rápidas, pues en el momento que tu pelo se moja estarás incondicionalmente obligado a tener que secarlo durante mucho tiempo o a salir mojando tu camiseta y dejando un reguero de agua por la calle. Como no tenía tiempo opté por lo segundo, saliendo de mi piso con mis oscuros pantalones vaqueros, una camiseta blanca medio empapada y el pelo totalmente mojado.

Lo primero que tenía que hacer esa mañana, y lo único que he podido hacer visto lo visto, era ir al banco. La bruja de mi casera deseaba el grueso pago del alquiler con el que podría permitirse el lujo de comprarse otro abrigo de piel o pasar otra semana de crucero por el Mediterráneo. Aquella zorra vivía únicamente de los abultados alquileres que cobraba en negro a los estudiantes. Tan inflada era la cantidad, que superaba con creces el límite diario de mi pobre tarjeta de crédito, impidiéndome sacar la cantidad debida en el cajero. Es por ello, que tenía que hacer cola una vez al mes en el pequeño banco de mi calle, lo cual no me molestaba, pues siempre aprovechaba el tiempo de espera en observar a los presentes con los ojos ocultos tras mis gafas de sol.

Recuero bien a los de esta mañana, pues posiblemente sean las últimas personas que vea en mi vida. Un anciano que discutía vivamente con la cajera llevado por la estúpida pretensión de sabiduría que se atribuía por el mero hecho de haber nacido antes, pero que le cegaba la mente haciéndole incapaz de comprender la existencia de un horario específico para el pago de facturas. Una mujer con sus dos hijos, uno de ellos en brazos y el otro ocultándose tras las piernas maternas mirándome con interés. Dado que mi aspecto coincidía con la plantilla que los poco originales guionistas de cine infantil utilizan para representar al villano de la película, siempre atraía la mirada curiosa de los niños. En muchas ocasiones les devolvía una sonrisa torcida de complicidad, como revelándoles su buen trabajo por haber cazado al malo. En esta ocasión no lo hice, ya que me encontraba bajo la atenta mirada del guardia del banco, el cual desde que había entrado por la puerta acristalada del local, había posado con fidelidad sus ojos en mi. Inmediatamente detrás, dos atractivas muchachas aún un par de años lejanas de la mayoría de edad, charlaban de modo risueño y excesivamente escandaloso. El tan siquiera mirarlas me hacía sentir como un pederasta, pues su forma de vestir era tan brutalmente pornográfica que me hacía cuestionarme si es que sus padres no las habían visto salir de casa vestidas como prostitutas. Era imposible mirarlas sin atisbar ligeramente los tercios pechos que se movían libres tras las blusas semiabiertas o los pliegues en el cercano vientre de los prietos pantalones cortos que escasamente cubrían el lado oscuro de la espalda.

Intentando alejar las delictivas ideas que estaban surgiendo en mi cabeza, centré mi atención en la persona que acababa de entrar en la sucursal, un sonriente joven de mi edad que vestía de forma llamativamente pija luciendo traje y corbata; lo cual atrajo la mirada de las jovencitas que se sonrieron con una picardía poco propia de su edad mirando hacia la excesivamente abultada entrepierna del chaval. No soy muy dado a los prejuicios y decirlo ahora siendo conocedor de sus intenciones puede parecer oportunismo intencionado para quedar bien, pero hubo algo en él que no me causó buena espina. Dado que el anciano había cesado en su intento de pagar la factura, volví a fijar la mirada al frente dispuesto a dar los dos pequeños pasos que presuntamente avanzaría la cola. Pero algo rompió con la previsión que todos teníamos hecha del futuro a corto plazo, algo que yo ni en la peor de mis pesadillas creo que hubiese podido imaginar. El sonido de un disparo, aunque mucho más flojo y decepcionante de lo que nos tienen acostumbrados los efectos del cine, rompió el silencio laboral del local. Al girarme, pude ver el cuerpo del guardia caído contra el suelo, sangrando abundantemente en el pecho y con la mirada aún fija en mí, como asombrado de encontrarse en esa situación agonizante y que no hubiese sido yo el causante de la misma.

Cuando quise darme cuenta, estaba frente a frente al muchacho del traje, el cual sostenía una pistola y acentuaba de forma deformante la sonrisa. Las dos muchachas habían cesado sus risas, y de forma que me había pasado inadvertida hasta que no sentí su presencia detrás mía manifiesta por unos duros pezones clavados en mi espalda, me estaban utilizando como trinchera humana ocultando sus cuerpos de las trayectoria de posibles nuevos disparos. El trajeado entonces disparó dos veces más, esta vez al techo, lo que provocó que las dos muchachas me abrazasen por detrás con una fuerza inusitada para ellas, e incluso me atrevería a decir que una me manoseaba el culo con decisión, quizás fruto del nerviosismo, del miedo o de la excitación del momento. Sin dejar de sonreír ordenó a la responsable de la caja que le diese todo el dinero, tirándole una bolsa oscura que sacó de dentro de sus pantalones mientras apuntaba de forma amenazante a lo que yo calculaba que era mi cabeza, llegando incluso a sospechar que esa rata hedonista disfrutaba viéndose empuñando el arma en el reflejo de mis gafas de sol.

Supongo que en algún momento la cajera accionaría la alarma silenciosa, pues a los pocos minutos la policía se encontraba en la calle, anunciando a viva voz su presencia allí, lo que alertó al atracador. No pude más que pensar que era un plan de cojonudo el decirle a un tipo que acabada de disparar a un hombre y robar un banco que la policía le estaba esperando fuera, en lugar de aguardar a que saliese y detenerle en donde yo no me viese con una pistola entre los dos. El nerviosismo se acentuó en el no ya tan sonriente joven. Entonces reparé en el niño que antes me había estado mirando y que junto a su madre y hermano se había unido a la barricada que formaba mi cuerpo, como si yo fuese el bolo número 1 que miraba amenazante a la bola y a su lanzador. El niño me contemplaba extrañado, agarrado a mi pantalón y con su cabeza incrustada entre las piernas de una de las jóvenes. No entendía porque, pero para esas personas yo debía parecer un repelente a las balas que solo funcionaba si lo estabas tocando. Quizás por eso, el cabrón del joven me cogió como rehén para salir a la calle.
Y así es como me encuentro ahora, rodeado de policías armados junto a un tipo que ha matado a sangre fría a otro hombre. Prácticamente no puedo ver nada de lo que sucede a mi alrededor, solo puedo escuchar los gritos de los policías ordenando que se tirase el arma. Tengo miedo, aunque en los más profundo de mi alma ansío estar soñando y volver a despertar habiendo vencido a la muerte otra noche más. De no ser todo producto de mi cabeza, supongo que ahora mismo mi familia me estará viendo en televisión, aunque no me reconozcan pues en el plano solo se distingan a un joven con pasamontañas militar con una pistola en las manos apuntando a un elegante joven.

Siento un fuerte golpe en el costado y observo como aquel miserable intenta escapar hacia la muchedumbre evitando a la policía. Le apunto con la pistola y disparo intentando frenar a aquel hijo de puta, pero no pasa nada; solo quedan balas de fogueo. Los policías empiezan a dispararme antes comprobar si quiera si mi tiro ha alcanzado a alguien, y mucho menos antes de saber quien soy. Quiero gritar, pero no puedo pues varios trozos de cinta de embalar tapan mi boca. Intento soltar la pistola y quitarme el pasamontañas, pero tengo las manos y los dedos pegados al frió metal del arma con pegamento, salvo el dedo del gatillo el cual he conseguido despegar dejando tras de sí un gran pedazo de piel. Observo con ira y furia como el atracador ha llegado a la gente la cual le arropa y le da ánimos, mientras él corre sin detenerse con fajos de billetes escondidos en una bolsa bajo la chaqueta. Contemplando esa imagen la primera bala me impacta en el hombro astillando mi húmero e impidiéndome mover los brazos.

No lo entiendo, no duele, no siento nada. ¿Me puedo haber equivocado tantas veces en mis sueños representando la muerte como algo doloroso? Una segunda bala me golpea en la pierna derecha, haciéndome caer de rodillas contra el suelo. Otras balas me alcanzan en el pecho, pero no las siento; solo puedo sentir el pasamontañas mojándose en las mejillas por culpa de mis lágrimas. Cierro los ojos echando la cabeza hacia atrás recordando el agua caliente cayendo sobre mi cuerpo desnudo, de hecho hasta puedo sentir la húmeda calidez por todo mi cuerpo, pero no es agua, es mi propia sangre la que me inunda tiñendo mi piel y mis ropa de rojo.

Abro los ojos antes de caer completamente al suelo. Distingo un rostro conocido ente los múltiples curiosos y en seguida lo asocio con el hermoso cuerpo semidesnudo que había admirado esta mañana por última vez en mi vida y que pertenece a la única persona a la que he amado y amo. Movido por un cansancio extremo, vuelvo a cerrar los ojos, pues he decidido que quiero morir con ese recuerdo en mi cabeza.

Mi nombre… no tiene importancia ahora. Lo único que importa... es que estoy tirado en el suelo, empapado en mi propia sangre...muriendo...llorando. No son lágrimas de dolor, no son lágrimas de pena, son lágrimas por saber que esta vez no despertaré victorioso frente a la muerte para volver a cruzarme por la mañana con ella y verla de nuevo. ¿O tal vez si? Abro lo ojos...



VALORACIONES DEL JURADO

Apostle

Me ha resultado simpático puesto que hay un par de detalles que parecen extractos de mi vida (salir el gallumbos por el pasillo y toparse con el ligue del compañero de piso, la marca de la almohada en plena cara y la ducha con melenas) que me han enternecido. Y es lo que es, un relato simpático, elaborado con corrección y sin demasiadas pretensiones (salvo determinadas expresiones “cultas” que no pegan ni con cola) que pasa sonriendo y saludando ante los ojos del lector, que le devuelve la sonrisa y el saludo.

Cumple con el tema… a su manera, de una forma un poco simplona. No le acaba de sacar todo el jugo que pudiera, pero bueno, no está mal.

Puntuación: 7,9

Lobo Estepario
Aunque el modo de actuar del atracador es clavado a uno que vi en una película (V de vendetta), no puedo más que darte una buena puntuación. Está bastante bien escrito, es ligero y de extensión justa. Se echan de menos (es un error muy común) referencias al estado emocional de los personajes, en tu caso del protagonista, con lo que quedan ciertamente deslavazados, robotizados.

Puntuación: 7,8

Klautz
Inteligencia: 7,5
La idea tiene su interés. La primera parte, donde se habla de los sueños no deja entrever hacia dónde va la historia y la parte final es bastante original, exceptuando que el "abro los ojos" parece hacer referencia a la película cuasi homónima.

Constitución: 7
La escritura es buena aunque para mi gusto hay demasiada densidad en la primera parte. Es decir, hablar del pelo largo no aporta demasiado. Sí aporta el toque de humor.
Cuando hablas de los pechos "tercios" me quedé estupefacto. ¿Eran tres? Supongo que la palabra es tersos.

Fuerza: 7,5
Me agrada la parte del banco, bastante menos la sección inicial donde hay demasiado peso innecesario.

Carisma: 7,33
Se hace un poco largo pero al estar lo mejor al final se compensa y sale con una imagen favorable.


REY_CARMESÍ
Otro buen relato. Frases algo largas en ocasiones, pero muy buen estilo en general. El tema que plantéa, aunque me ha recordado en algún punto a la resolución de la famosa "Abre los ojos" de Amenábar, es tan sugerente como curioso. Muerte real o muerte dentro de un sueño. Visión fractal. Un mundo dentro de otro.

Nota. 8.


Rhaenys
He de reconocer que perdí un poco el hilo cuando apareció el pasamontañas. En ese entonces empieza la twilight zone en que ya no sabemos si sueña o delira, hasta llegar a un final que me evoca inevitablemente a Eduardo Noriega. El hilo conductor que has usado me gusta; una vez leí u oí que nunca podemos soñar con nuestra propia muerte, siempre nos despertamos antes de que suceda. Así que alguien que sueña todos los días que muere con horribles dolores tiene que estar un poco grillado. Lo has llevado bastante bien, alguna frase flojea y te has dejado algún acento y más de una palabra por el camino, pero se lee con curiosidad y agrado. Me pareció que encajaste con acierto elementos como la chica, los niños y la ducha, y el final te quedó contundente. Un pequeño repaso para remediar algunos defectos ("de forma deformante", "detrás de mí") le ayudará.

Puntuación: 7,8


PUNTUACIÓN MEDIA: 7,77