Clan DLAN
18 de Febrero de 2018
Actualmente tenemos 183 usuarios online.
Clan DLAN
Clan DLAN
Clan DLAN
Clan DLAN
Clan DLAN


¡Saludos!

Bueno, aquí os dejo una pequeña historia, ambientada en la Revolución francesa.


Espero que os guste.



Mon amour, mon amour…

Los pasos rápidos sonaban al compás de los gritos de los pobres desvalidos que habían llevado a parar sus huesos a la cárcel. Un hombre con sotana negra y alzacuellos de un blanco impecable, se abría paso a través de ese cavernoso corredor agarrando con la diestra el colgante de un crucifijo de madera.
Mientras pasaba por delante de las celdas construidas siguiendo el modelo de una jaula para un animal, y con sólo un montón de paja en lugar de cama, multitud de presos de todas las edades se lanzaban contra los barrotes, extendiendo la mano para intentar tocarle, a la vez que gritaban desesperados: “¡Confesión, padre, confesión!”.
Sintió que unos dedos empezaban a tironear de su sotana, y momentos después tropezó con una baldosa mal colocada, perdiendo el equilibrio y chocándose contra la pared de la izquierda. De su mano siniestra cayó la Sagrada Biblia de tapas negras y cruz santa dorada. Algunos presos se carcajearon, pero otros, los más cercanos al lugar de su caída, agarraban con firmeza sus ropajes, intentando acercarle a ellos.
Se pudo saber que el celador estaba llegando a través del largo pasillo hasta donde el cura se encontraba por el tintineo suave de las llaves. Nada más que su rostro amarillento y cabellos largos y canosos surgieron de la oscuridad, el hombre empezó a repartir patadas por doquier contra los presos, mientras gritaba:
- ¡Sucios perros! ¡Apartaos!
En cuanto el joven cura se vio libre de las garras de los hombres desesperados, el celador le ayudó a levantarse y recogió por él la Biblia.
- Tenga. Es usted el padre Jacques, según tengo entendido.
- Así es, hijo mío.- pareció que dos últimas palabras divirtieron al celador.
- En tal caso, padre- añadió con sorna-, permítame que le lleve hasta la celda del prisionero que le han encomendado…
El pasillo de piedra roñosa estaba lleno de, a falta de sitio en las celdas, excrementos humanos, sangre de los encerrados, e incluso creyó ver algún diente: probablemente de cuando el celador se aburría y golpeaba a los presos.
- Es muy extraño que el señor Robespierre deje que entre por aquí un hombre de
Dios- comentaba el celador, a la vez que sacaba las llaves toscas y broceadas de su cinturón y seleccionaba una en concreto-. Según tengo entendido, últimamente está siendo muy duro con la Iglesia Católica.
Jacques se limitó a encogerse de hombros y añadir:
- La salvación de un alma no tiene que ser imposibilitada por las malas relacionas humanas.
- Como usted diga, padre…
Pararon frente a una puerta de madera, estaba desgastada por el paso del tiempo, su color era prácticamente negruzco. Se encontraban al final del pasillo de piedra, la única fuente de luz procedía de un ventanuco con barrotes situado a la derecha de la puerta, y a unos metros de altura. El celador encajó una llave en la cerradura y, tras un chasquido, el portón se combó ligeramente hacia el interior de la estancia.
- ¿Por qué le tienen encerrado en este sitio, y no con los demás presos?
- Así lo mandó Robespierre; no quiere que nadie hable con él- empujó un poco más la madera, indicando al cura que ya podía pasar-. En cuanto haya terminado, llámeme.
En cuanto entró, la puerta se cerró tras él con un estruendo. En unos segundos, sus ojos se acostumbraron a la luz que surgía desde una pequeña vela, apoyada en un escritorio; sobre éste, un hombre –o más bien, un muchacho- garabateaba sobre una hoja de papel; no levantó la vista ni siquiera para mirarle. El cura se acercó cautelosamente.

- Debe de ser el cura.- aventuró el joven, sin levantar la vista del papel.- El celador me dijo que vendría; al parecer, Robespierre permite que me confiese.- la sombra de una sonrisa afloró en su rostro.
- Eres afortunado por tener la opción de prepararte para el viaje; limpiar tus pecados en los oscuros tiempos que corren.
El muchacho dejó de escribir y miró durante un momento al cura. ¿Qué edad tendría? Veintidós, puede que veinticinco años; era muy joven para ser condenado.
- El único pecado que he cometido, padre, ha sido amar. Lo que voy a confesaros esta noche es aquello por lo que he sido condenado.
- Habla, hijo, y que Dios te dé fuerza.
Jacques escuchó cómo el joven dejaba que el oxígeno inundase sus pulmones; después de eso, comenzó su relato: “Mi padre, como su padre lo estuvo antes que él, formaba parte de la guardia personal y de confianza de Luis XVI. No es un trabajo fácil de conseguir para los que están fuera, pero si tienes un familiar dentro, o un amigo, puedes lograr un puesto; ése fue mi caso. No era sencillo llevar pan a la mesa en los tiempos que corrían, así que en cuanto mi padre pudo, consiguió que me aceptaran en la guardia: unas cuantas pruebas tuve que superar, y lo demás ya estaba hecho.
No era mi vocación, pero sí un buen trabajo: sólo tenías que hacerte el sordo en ciertas ocasiones y aguantar a los niños ricos; pero no éramos los únicos cuidadores de reyes que había. Supongo, padre, que habrá oído hablar de las azafatas de la reina María
Antonieta; los del pueblo siempre murmuran que son las más bellas de todas. Desde luego que eso es una exageración, ninguna era demasiado llamativa hasta que… llegó ella… Hélène… la primera vez que la vi fue por el jardín de palacio: todavía puedo sentir sus ojos miel clavados en mí, la cosa más preciosa que mis indignos ojos habían visto nunca.
Nadie sabía con certeza de dónde había salido esa mujer; unos decían que era alguna prima de Luis XVI, enviada a servir por su mala educación, mientras que otros especulaban sobre una posible amante. En cualquiera de los casos, esos rumores nacieron y murieron en la corte. La primera vez que hablamos fue pura coincidencia: el rey me mandó que fuese a llamar a la reina, que se retrasaba durante la cena; en cuanto me acerqué a los aposentos reales, me encontré con ella, frente a la puerta, sin dejar que nadie entrara. Me tembló la voz cuando le comuniqué las palabras de Luis XVI, pero ella me sonrió y me explicó que la señora se encontraba indispuesta, algo enferma, creo recordar.
Tras ese primer contacto, por llamarlo de alguna manera, empezamos a hablar más a menudo, primero nos saludábamos, después en los descansos charlábamos animadamente. Nos cogimos confianza mutua con mucha rapidez, y nos contamos secretos, muchos secretos. Recuerdo el que me ha traído hasta aquí: nos encontrábamos a las orillas de un pequeño riachuelo, sentados en la hierba verde, riendo, cuando
Hélène se quedó muy seria. Aquello me preocupó, y pregunté a qué se debía ese cambio de humor, de todo lo que dijo, sólo recuerdo una palabra: Constitución.
El tema de que Francia debía tener una Constitución se había hecho muy popular entre el tercer estado últimamente, algo que mantenía al rey profundamente preocupado.
Por supuesto, a mí no me importaba nada de eso, lo único que mantenía muy mente ocupada era aquel ángel, y cuando terminó de hablar y confirmar sus ideas, yo sólo pude hacer una cosa: apoyarla. Le dije y juré que lo que decía era cierto, nuestro país merecía una Constitución. Sabía que era lo que quería oír, por eso lo hice. Sin embargo, no me arrepiento, porque aquella tarde –tras la arenga-, mientras el río arrastraba nuestras pasiones, nuestros cuerpos por fin se encontraron.

Que después de tantos anhelos, por propagar una idea que ella me afirmaba justa, pudiera estrecharla entre mis brazos, era más que un consuelo: lo era todo. Confié algunos de los comentarios de Luis XVI a sus oídos, para bien o para mal, mientras yo seguía respirando sólo por verla de nuevo. Conocí a algunos de sus amigos, quienes afirmaban que iban a cambiar el curso de Francia, y que hablaban de Rousseau, Voltaire y Montesquieu como si de dioses se trataran. Y fue durante ese período de tiempo cuando salió a la luz la primera Constitución francesa.
El rey me mandó llamar, y me confesó que tenía planeado huir, para no tener que jurar la Constitución; me había elegido a mí para disponerlo todo y tapar su marcha.
Sin embargo, éste nunca llegó a su destino: fue detenido y encerrado en el Palacio de las
Tullerías. Poco tiempo después, la Constitución estuvo vigente.
Que el rey resultara detenido por un chivatazo mío, no fue ningún secreto para nadie: los ideales republicanos, junto con las palabras de Hélène, estaban haciendo mella en mí. Tuve suerte de que los poderes del rey quedaran divididos, y gracias a la soberanía nacional, y a los amigos de Hélène, gocé de ser intocable por haber traicionado a Luis XVI. Sin embargo, mientras juraba una y otra vez mi amor por ella,
Austria tenía otros planes: instaurar la monarquía de nuevo.
No recuerdo una despedida tan dolorosa; cogí sus mejillas entre mis manos y bebí incansable de su boca el elixir de la vida. Le prometí que volvería, y que lo haría pronto. La batalla fue una masacre total, y Francia resultó vencida.
Estando en el hospital, curando un balazo en el hombro, recibí una carta de mi ángel. El suceso más importante de toda nuestra historia había tenido lugar por la victoria de Austria: Luis XVI había sido guillotinado. Parece que eso resultó todavía más insultante para nuestros enemigos, a quienes se les unió Prusia para la batalla definitiva. No obstante, la noticia de la muerte de Luis nos sobrecogió a todos y, puesto que habíamos luchado tanto por la libertad de Francia, no íbamos a perderla ahora: nos levantamos más furiosos que nunca, y conseguimos tomar la orilla izquierda del Rin, ganando la Batalla de Valmy.
Ya quedaba poco: pronto regresaría, y podría casarme con Hélène, nuestro sueño. Pero el Destino es caprichoso. Por aquel entonces fue cuando llegaron unos guardias, de Robespierre, buscándome. Todos sabíamos que había sido él el instaurador del sistema de terror: su forma de acallar las huelgas y manifestaciones públicas. En cualquier lugar, este jacobino era tratado con mucho respeto: ¿quién no sabía que había mandado a la guillotina, no sólo a sus compañeros Danton y Marat, sino a la propia
María Antonieta y parte de la familia real?
Que me reclamara me preocupó; y mis preocupaciones se vieron correspondidas cuando, nada más encontrarme, sus guardias se lanzaron sobre mí, golpeándome hasta la inconsciencia. Cuando desperté, un enviado suyo me transmitió el siguiente mensaje:
‘François de la Fontaine, queda detenido por la guardia de Robespierre por presunta traición a la República francesa. La atrocidad de sus crímenes tendrá pues, como castigo, la guillotina.’. Ahora que lo recuerdo, es para echarse a reír. Por si todavía no lo entiende, padre, se lo explicaré: Robespierre tenía miedo; sabía que los auténticos precursores de la Revolución habíamos sido el propio pueblo. Cada vez era más palpable que no podía controlar las opiniones públicas, y que quizá él mismo acabe en la guillotina es una posibilidad. Lo que quería era que yo le diera los nombres de aquellos a quienes ayudé; pero no tuvo en cuenta una cosa: yo, ayudé al pueblo.”.
François se recostó contra la silla de madera y miró fijamente al cura, que no daba crédito de lo que acababa de oír.
- Pero… entonces… ¿por qué me has dado los nombres a mí?-el muchacho sonrió.
- Robespierre sabía que yo le contaría esto, por eso le dejó entrar: del mismo modo que está seguro de que va a darle los nombres pero, esto ha sido una confesión y…
- Y yo no puedo hablar de las confesiones.- François asintió, y Jacques quedó admirado por su perspicacia.- Pero, hijo, esto te costará la vida…
- ¿Y qué es mi vida frente a la de Hélène?- el muchacho le tendió la carta, ya cerrada.- Quiero que usted la busque, padre, estará en mi ejecución, sonriéndome hasta el final: es mi despedida, para ella.-el cura asintió.
La tarde caía y el filo de la cuchilla lanzaba destellos. ¿Era ella? No… ¡ah! aquella, sí: ahí estaba. A su lado, estaba el cura, dándole la carta y consolándola. Su cuello se posó sobre la madera, ahora ya no podía verla, ¿o sí?: lo último que sintió fue el gélido aliento de la Muerte sobre su nuca; su último pensamiento: ella; sus últimas palabras: mon amour…





Un Saludo.


[quote name='REFLOTES']RELATO REFLOTADO!!

CRÍTICAS:

Rhaenys:

Este relato me dejó gratamente sorprendida cuando lo leí, lo cual reconozco ha sido hace bien poco. No sólo nos cuenta una historia, sino que la enlaza con sucesos históricos de una forma más que correcta, ambientándola en el no poco manido escenario de la Revolución Francesa con éxito. Me gusta la escena inicial del cura atravesando los siniestros pasillos de la cárcel y escuchando los gritos y risotadas a su alrededor. Es un comienzo muy visual, como de película. Luego François nos cuenta su historia, y vemos que todo lo hizo por amor, y me convence que sea el amor la fuerza motora de su entrega política y de sus ideales, más que si me hubiera contado que François era un "activista" desde el primer minuto. Eso es lo que da sentido a su sacrificio final, más que su convencimiento en las ideas republicanas y en la Constitución.

Estructuralmente no es una composición perfecta, y gramaticalmente también es mejorable. Pero el conjunto deja un buen sabor a ideas con fundamento y trabajo bien hecho.


REY_CARMESÍ:

Personalmente he de decir que este texto no me ha llenado. Parece un fragmento extraido de una de esas telenovelas de sobremesa que tanto gustan a Apostle (golpe bajo ), y no porque este excesivamente edulcorado, que no lo esta, mantiene al contrario un equilibrio, sino por lo que voy a decir a continuacion.
A mi modo de ver, cuando se pretende un efecto "romantico" (y al hablar de un efecto romantico no me refiero solo al romance entre dos personas sino al sentido de ideales y sacrificio que laten en este) se puede hacer de dos formas.
La primera es respetando lo creible del relato, los aspectos realistas, no desafiar el raciocinio del lector. Si respetamos eso, si nos lo curramos, los elementos romanticos que se introduzcan tambien pareceran igualmente realistas.
La segunda forma es buscar ante todo un efectismo romantico o una emocion subordinando a ello todos los demas elementos.

El relato de Alarielle esta bien escrito en general, y es capaz de hacernos pasar un momento tierno si lo leemos con ligereza, como se ven esas telenovelas, despues de comer, cuando la sangre se impulsa desde el corazon pero no al cerebro sino al estomago.
Pero si empezamos a pensar un poco... si pensamos un poco se acusa una cierta ingenuidad en el relato. Parece claro que el joven revolucionario no conoce al cura, entonces ¿como sabe que es un sacerdote real y no una agente de Robespierre? ¿Se es cura solo por llevar sotana? Segundo. La Revolucion Francesa fue una epoca de gran paranoia, y un gran odio dirigido no solo contra la nobleza sino tambien contra el clero. Y una de las razones fue la gran corrupcion que reinaba en la Iglesia Catolica. No me creo que un revolucionario frances confiara tan ciegamente en la santidad del secreto de confesion, y ademas depositado en un cura que no conoce, como para poner en peligro a su amada. Pero es mas, es que no me imagino la escena posterior. El cura diciendole a Robespierre, "Señor, es verdad que me han sido confiados datos de inteligencia relevantes, pero en secreto de confesion, luego comprendera que no se los pueda dar"... y Robespierre "Ops, pues claro, han sido mas listos que yo, pues nada, mala suerte, ya puede irse, padre"... Puesssss, me da que el padre y el "hierro al rojo" habrian tenido una cita no demasiado halagueña. En fin, que yo que Robespierre habria utilizado a un agente, o a un cura real, pero "de los mios", ¿creeis que no habria en Francia un cura que sobornado o amenazado no habria mandado a paseo el secreto de confesion?
Pero, ademas, no solo es que el cura se lleve infomacion (algo inmaterial) sino que tambien se lleva algo fisico, una carta ¿como la escribio Francois, no la vieron los guardias, no se registro al cura al salir? En resumen, con semejantes "brechas en la seguridad" la epoca conocida como "El Terror" se habria quedado en "El Sustito" y habria durado la mitad.

Evidentemente todo esto no ha preocupado a Alarielle, ella ha ido a contar "su historia", la del chico enamorado, la que ha llegado a Rhaenys. Si hacemos un ejercicio de abstraccion de cualquier otro elemento, entonces bon apetite. Por el contrario, si ganamos profundidad deberemos realizar un ejercicio muy severo para lograr la suspension de incredulidad. Ese es un fallo principal del relato.

No esta nada mal escrito y engancha, aunque parece denotarse cierta prisa, faltan algunas palabras, se alteran algunos tiempos verbales, otras me han rechinado (por ejemplo, creo que "chivatazo" casa poco con el tono general del relato, parace mas bien algo que Robert de Niro diria a Al Pacino en una peli de gangsters)

Por ultimo, dire que espero que este comentario no disguste a Alarielle si es que llega a leerlo. Soy plenamente consciente de su edad al escribirlo, he de reconocer que su forma de escribir apunta maneras de forma contundente, y que su intencion no fue, muy posiblemente, escribir algo muy elaborado y puntilloso en cuanto a su mecanica interna, sino solo presentar una situacion con fuerte contenido emocional, pero, de todas formas, como opinion de aficionado, dire que un relato creo que debe estar bien cerrado y ser creible y coherente en su conjunto para que sus diversas partes tambien lo sean.


Apostle:

Reconozco que el texto te sorprende en un principio cuando ves que Alarielle lo escribió con dieciocho años, en un alarde de temprana destreza y con evidente modestia al respecto. Creo que el relato ha de verse como un ejercicio de estilo, un esfuerzo por crear un breve fragmento con la revolución francesa como trasfondo haciendo uso de todos los recursos en su haber. Para esto último se precisa de un conocimiento histórico sólido, un riguroso estudio previo de la situación y de sus protagonistas. A efectos narrativos el texto cumple por la destreza natural de la autora, hay casos puntuales de sobreadjetivación con invención de palabras incluida (las llaves toscas y broceadas ¿...?) además de algún que otro término mal empleado (el portón se combó ligeramente), pero creo que por lo menos en este terreno Alarielle termina por cumplir su objetivo.

En lo que respecta a la fidelidad histórica de la historia existen notables carencias que bien pudieran haber sido resueltas con una correcta labor de documentación. Aspectos tales como la ingenuidad de los personajes o la estereotipación de los protagonistas históricos ya comentados por REY_CARMESÍ menguan en buena medida la potencia del conjunto. Alarielle se sirve aquí del contexto histórico para envolver una historia de un amor desesperado que lleva a la traición, al doble juego de un François que resulta una suerte de híbrido de Honoré Mirabeau y el Romeo de Shakespeare. Creo que se ha depositado la mitad del empeño en plasmar la pasión del joven hacia su amada mientras que la otra mitad se vuelca en hacer creíble el escenario en el que se desarrolla la trama, y en lugar de fluir armónicamente una cosa con la otra han acabado por caer rodando por una pendiente, abrazadas ambas dentro del barril de la corrección estilística. Un barril que se muestra realmente sólido, y lo que es rodar, rueda de maravilla.[/quote]