Clan DLAN
25 de Mayo de 2018
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Hola a todos/as:

Un nuevo relato “serio”, que espero que os guste. En principio, seria el comienzo de una nueva saga corta, por lo que os pediría que por favor, para bien o para mal, me dierais vuestra opinión al respecto (Más que nada por que no me gustaría “torturaros” con más relatos si no gusta) gracias.

P.D: Para que nadie pueda sentirse ofendido o herir susceptibilidades lo advierto, ES UN RELATO DE TEMÁTICA ADULTA.



LA NOCHE DE LA ARAÑA


Los sensuales ecos de la pasión inflamada habían cesado; atrás quedaba el coro cacofónico de gemidos, susurros, suspiros y jadeos, y en la extraña habitación de lujosa y abigarrada decoración; ahora, un silencio casi palpable lo llenaba todo, solo roto por el sonido de una respiración aun agitada.

Dos cuerpos desnudos, sudorosos y entrelazados entre las delicadas sábanas de seda de araña, formando un sola y sinuosa figura lasciva. Thassla´Do Habbar, la poderosa Matriarca de la casa Faen-Tabblar, una de las más importantes de Menzoberranzan, recupera el resuello tras una agotadora y placentera sesión de lujuria; junto a ella, la responsable de su estado de éxtasis, Aradys Shaerys, asesina y su escolta personal, esboza una leve sonrisa al amparo de la penumbra.

No hay amor, ni tan siquiera afecto u otro sentimiento en todo esto, el uso y disfrute de sus siervos es uno de los privilegios de la Matriarca, tan solo uno más de tantos medios para reafirmar y demostrar su absoluto poder sobre sus devotos súbditos, y para su joven y apetecible amante, tan solo se trata de un deber, una obligación, una simple muestra de sumisión y obediencia.

Tales son las relaciones de poder entre los Drow, los temidos, odiados y admirados elfos de piel de ébano de las profundidades, semejantes a un furioso nido de silenciosas y letales víboras, donde toda muestra de piedad, hasta la más mínima e insignificante, constituye un raro y peligroso desvarío que debe atajarse de raíz.

El poder lo es todo, y todo Drow, aspira a poseerlo con toda la fuerza de su negra alma, la firme mano que gobierna las riendas no puede permitirse una sola muestra de debilidad, de duda, pues es seguro que siempre habrá otra mano más decidida dispuesta a arrebatárselas.

Años había costado a la asesina ganarse la confianza de su ama, años de esfuerzo, de vejaciones y estudiada humildad, todo con el solo motivo de hacerse indispensable para ella. Su fama como segadora de vidas había crecido desmedida hasta convertirse en casi legendaria, y así, no resultó demasiado complicado llevar la admiración hacia el peligroso campo de la confianza.

La lujuria es un poderoso impulso entre los Drow, un poderoso instinto que arrastra sin remedio y domina el juicio; y Aradys, aparte de toda una consumada maestra en el arte de la muerte, lo era también en otras artes menos cruentas y mucho más placenteras. Fue fácil que la Matriarca sucumbiera al arrebatador influjo de su mirada ardiente, a la aparentemente casual visión de su pronunciado escote cada vez que hacia una reverencia ante ella, a los excitantes roces casuales de su cuerpo, a las dulces palabras que cual desapercibido veneno caen gota a gota en los oídos de quien quiere oírlas, y así, una vez prendida la chispa del deseo, la asesina se ocupó de alimentar el fuego día a día, hasta convertirlo en un infierno devorador e incontrolable.

Pese a todo, una Matriarca debe mantener ciertas formas, no es conveniente que muestre su debilidad por una sierva, por hechicera que sea su belleza. Es entonces cuando perdida la celosa prudencia a causa de la pasión que corroe desde dentro, la secreta red de túneles y pasadizos que socavan el palacio cobra su sentido, un discreto camino a salvo de miradas indiscretas que lleva a la amante a la alcoba de su ama cuando todos duermen, una, dos, cien noches inflamadas de pasión y gemidos que quedan atrapados en la gruesas paredes de piedra del dormitorio.

Pero esta noche, algo hay que la hace distinta de tantas otras, algo sutil, casi imperceptible, flota en el pesado ambiente donde aun reverberan los ecos del placer; esta noche, es la noche en la que la tela de la araña se ha cerrado en torno de su presa, es la noche en la que la confiada Matriarca deja paso a una nueva, castigada por su propia debilidad.

Desapercibida, con la inigualable maestría que otorgan los años de experiencia acechando entre las sombras, la mano de la asesina busca a tientas el objeto que previamente ocultó bajo un recóndito recoveco del mullido colchón, una pequeña y fina daga curva, de filo serrado y delicada factura de oro y mithril, la soberbia arma propia de un noble, y en ella se queda, al resguardo de la vista de la victima.

.- ¿Ha sido placentera mi compañía esta noche mi ama?.- Susurra junto a su oído con voz melosa y arrebatada.

La Matriarca asiente con un leve movimiento de cabeza, pues no desea que las palabras enturbien su placentero estado de relajado éxtasis.

La asesina se incorpora levemente sobre el lecho, solo lo justo para inclinar su rostro de delicadas y hermosas facciones sobre el de su señora, acercando sus bocas aun jadeantes a la ínfima distancia de un susurro.

.- Descansar ahora mi señora, descansar...

La artera araña vierte su cálido veneno de palabras dulces apenas susurradas en el oído de la presa por última vez, sellando su destino con un último beso animal ta ardiente como las entrañas del mismo infierno.

La Matriarca se abandona a la calidez del beso de la muerte, al suave y enervante roce de labio contra labio, de temblorosa carne contra la carne desnuda, sin apercibirse que cuando los largos cabellos de su sierva, blancos como la nieve, caen sobre ella, envolviendo su rostro, su destino acaba de decidirse.

Las habilidosas manos, libres de la recelosa vista de la Matriarca, actúan con increíble rapidez y decisión, como dotadas de repente de propia inteligencia, al unísono, una tapa la boca que solo un segundo antes su dueña besaba, y la otra alza la daga para hundirla con salvaje fuerza en el terso vientre.

Los ojos de la matriarca, abiertos de par en par, expresan sorpresa, terror, pero sobre todo, odio y rabia, quiere gritar, pero de su boca tapada apenas escapa un sordo murmullo entre violentas bocanadas de sangre roja. El frío metal de la asesina rasga con deliberada lentitud el abdomen, haciendo manar la sangre a borbotones y las vísceras escapan al exterior como si ansiaran huir de su apretada prisión de carne.

Dos, tres, cuatro puñaladas más hacen que el cuerpo deje de moverse con las frenéticas sacudidas de la agonía, y al instante, todo a terminado, o casi, los ojos de la Matriarca siguen clavados en los de su amante, fríos y calmados, no hay odio en ellos, ni tan siquiera excitación por la sangre derramada, solo la fría seguridad y pragmatismo del carnicero, la despiadada e imperturbable mirada del triunfante depredador.

Aun hay un leve retazo de vida en los turbios ojos de la que una vez fue matriarca de Faen-Tlabbar; sus labios ensangrentados se entreabren intentado decir algo con su último suspiro, pero el dedo de la asesina se posa suave y dulcemente sobre ellos antes de silenciarlos para siempre.

.- Sshhhhhhhh.... Ya es tiempo de morir mi ama, guarda tus últimas palabras para implorar la clemencia de Lloth.

La daga chorreante de sangre se alza de nuevo para caer con mayor fuerza sobre el costado hundiéndose hasta la empuñadura, justo debajo del diafragma, el golpe fatal del asesino, al instante, los pulmones se detienen, y el corazón emite un postrero latido final; luego, todo queda quieto y en silencio, como si el tiempo se hubiera detenido, solo el espeso goteo de la sangre que se derrama sobre el suelo con cadencioso ritmo indica que no es así.

Un plan trazado hace tiempo se ha consumado, la paciente araña ha tejido su tela, y la distraída presa muere en ella, el ciclo de la vida se cierra una vez más, el fuerte sobrevive, el débil desaparece.

Dentro de unas pocas horas la guardia descubrirá el cadáver de su ama y señora, un crimen sin castigo, pues la asesina ya no estará allí, el mismo secreto camino que la trajo al lugar de la Matriarca será el que la lleve de regreso a sus aposentos. Mañana, sus leales contactos dentro de la casa, cultivados durante su largo tiempo de abnegado servicio, serán quienes la ensalcen en el trono de obsidiana, y la poderosa casa de Faen-Tlabbar tendrá entonces una nueva matriarca, Ardalys.

Ahora es tiempo de huir, aunque nada hay de malo en refrescar un poco el gaznate antes, librándose del sabor de la boca de aquella maldita perra que aun perdura en ella, y la jarra de exquisito vino de Tamrika que reposa sobre la recargada mesa de oro y azabache, se atoja más apetecible que nunca.

Solo unos breves sorbos, y la asesina comprende demasiado tarde su error, la vista se nubla, la cabeza da vueltas y las piernas, antes seguras y recias, flaquean como si fueran de trapo; ¡Veneno! Es lo que dice el acre sabor que llena su boca reseca. Intenta escapar, salir de la escena del crimen como sea, pero ya es demasiado tarde, el veneno cumple su cometido de una forma tan rápida como implacable, y todo se torna negro.

Mientras, a través de unos ocultos agujero del artesonado de una pared, Haale Shaata, suma sacerdotisa de Lloth, observa con una amplia sonrisa de satisfacción en los delgados labios de color rubí. Es el juego del gato y el ratón, y esta vez, es el primero quien ha perdido la liza, quien si saberlo, ha sido el instrumento del que se vale el astuto ratón; con la Matriarca muerta y la araña asesina atrapada en su propia tela, el camino hacia el trono de obsidiana parece más corto que nunca...