Clan DLAN
21 de Noviembre de 2018
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¡Kombawa!

Hola a todos y todas. A petición de Inmortality y Smaug posteo otra historia mía. Ésta es más larga, por lo que si no os importa, la postearé por partes, en lugar de dejar directamente el archivo para descargar. Bueno, ahí va:


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SOLOS


Ilustración por Immortality:

Pincha para agrandarla.



1

-¿Aún nos sigue?
-No lo sé, no puedo ver nada con toda esta niebla.
Los dos chicos estaban dentro de la tienda de campaña. Solos. Rodeados de una densa niebla que les impedía ver apenas un metro alrededor. Sin saber siquiera dónde estaban. Estaban empapados por la intensa lluvia que caía y por el sudor frío que les corría por todo el cuerpo, ya que hacía muy poco que estaban corriendo, volando hacia la tienda de campaña en el oscuro valle en el que se encontraban. Huían de...algo. No sabían qué, sólo huían...de la oscuridad, la terrible negrura que oculta al Mal, la inquietante y negra noche que alimenta la parte de la imaginación humana más retorcida y depravada. Esa angustiosa oscuridad que no se sabe qué oculta, pero, contrariamente, no se quiere saber.
-¿Crees que saldremos de ésta?- preguntó aterrorizado el niño a su hermano mayor, más asustado si cabe.
-No lo sé...seguramente sí - "aunque no las tengo todas conmigo" - pensó. Se volvió a su hermano menor y le dijo- Voy a echar un vistazo, tú quédate aquí.
-V-vale.- respondió asintiendo lentamente.
El joven salió de la tienda con mucho cuidado y prestando atención a cualquier ruido. No oyó nada. Ni un pájaro, ni el río cercano, nada. Sólo el sonido de la incansable lluvia que caía. Lejos de tranquilizarse, el joven se asustó aún más, pero se pudo controlar y no salir huyendo, pues dejaría a su hermano menor solo, y eso no podía hacerlo, él debía protegerlo, era su responsabilidad. El joven avanzó durante un rato con los cinco sentidos alerta.


2

Raél tardaba demasiado en volver, ya hacía un buen rato (no sabría decir cuánto tiempo), que había salido a ver si había peligro. Varias veces quiso salir, pero el miedo lo retuvo dentro de la tienda. Se maldijo a sí mismo por ser tan pequeño y asustarse de cualquier cosa. "Si fuera más mayor, como Raél...-pensó- no tendría tanto miedo podría defenderme, pero ahora...estoy paralizado, tengo demasiado miedo como para...-detuvo sus pensamientos repentinamente poque oyó un ruido no muy lejos de allí- Aguzó el oído por si le oía volver o...si escuchaba al Monstruo venir a por él, ahora que estaba solo y desprotegido. No escuchó nada en un buen rato, sólo el golpeteo de la lluvia en la tela de la tienda. De repente, un ruido, como un crujido o algo así. Venía de su izquierda. Se giró hacia allí y se acercó a la tela. Oyó una respiración agitada y pensó que sería su hermano, que volvía de investigar. Después, se maldeciría a sí mismo por su imprudencia. Abrió la tienda de par en par, esperando ver a su hermano, sin embargo, lo que vió, fué una bestia, parecida a un javalí pero enorme y erguida sobre las patas traseras, con dos grandes cuernos que surgían de su cabeza y dos enormes colmillos que sobresalían de su boca llena de dientes afilados como cuchillas. Rhûn chilló asustado, pensando que el Monstruo lo había encontrado, y que ahora se lo llevaría a su guarida. La bestia gruñó furiosa y descargó un garrazo en el pecho del pequeño, el cual cayó al suelo desmayado del terror y del dolor. Acto seguido, la bestia destrozó la tienda en busca de más comida, pero como no encontró, cargó al hombro al pequeño Rhûn y se lo llevó, manchando de su sangre la tela de la tienda y dejando un pequeño rastro.


3

De repente, escuchó algo, como un crujido "¡El Monstruo!" -pensó de repente- "No, qué digo..no hay monstruos...(¿porqué he pensado de repente eso? Ni siquiera lo había escuchado antes...) ¿De dónde ha venido ese ruido? Yo diría que.." El sonido venía de detrás suya. Mientras volvía a la tienda, pensó en su hermano, el cual podía estar en grave peligro por su culpa, por dejarlo solo. "Es un crío pequeño y yo lo dejo solo, es cierto que sabe defenderse bastabnte bien, pero, aún así...es un niño pequeño y como tal, en una noche como ésta en la que por primera vez salimos del pueblo en mucho tiempo y estamos totalmente solos, debe estar muy asustado. Si yo lo estoy, ¿cómo no va a estarlo él, si hasta hace cuatro días mamá le leía cuentos para que se durmiera? Desde luego...¿Cómo puedo ser tan idiota? Papá y mamá me regañarían si supieran que..."
De repente, interrumpió sus pensamientos, pues llegó a donde había estado la tienda. Ahora sólo quedaba la tela que la cubría totalmente desgarrada y ensangrentada. En el suelo, el joven pudo ver un rastro de sangre que se perdía en la niebla. Raél se quedó allí donde estaba, de pie, empapado por la incesante lluvia, con el golpeteo de las gotas contra la tela, roja por la sangre de su hermano, como un sonido acusador. Los pensamientos de culpabilidad empezaron a llenar su cabeza con un parloteo incesante. "Tú dejaste a tu hermano solo y ahora está muerto, por tu culpa, por tu irresponsabilidad. Si no eres capaz de cuidar de tu hermano pequeño, no vales para nada. Eres un inútil. Un idiota. Un irresponsable. Papá y Mamá se pondrán furiosos contigo, dejarán de quererte y te echarán de casa. Te culparán de la muerte de Rhûn y se lo dirán a todo el pueblo, para que todos sepan lo inútil que eres. Y nadie querrá tenerte cerca, porque pensarán que das mala suerte, y tendrás que irte del pueblo, pues todos te darán la espalda. Todos. Nadie te querrá, ni se preocuparán de si estás bien, pues tú no lo has echo por tu hermano...Vivirás en una cueva, te alimentarás de carroña y morirás como un perro. Porque eres un inútil..."
"¡No, no soy un inútil! Yo...salí para protegerlo, pero...me equivoqué...yo también soy un crío y puedo equivocarme."
"No eres tan pequeño...tú..."
"¡Cállate, tú no sabes nada!"
"Yo sé más de lo que crees...tu hermano ha muerto por tu culpa. ¡Admítelo!" -insistió la Voz, muy enfadada.
"Jamás. Mi hermano no ha muerto." -contestó seguro de sí mismo Raél.
"¿Es que la tristeza te ha cegado? ¿No ves la sangre?"
"Sí, la veo. Pero también veo un rastro de sangre, y es un poco débil, por lo que podría estar vivo"
"No lo creo, ya debe estar desangrado." -sabía que no era así, pero no podía arriesgarse a que ese crío acabara con ella. A pesar de sus contínuas advertencias, este crío parecía que le atraía el peligro y nunca le hacía caso. Pero no importaba, ya que algún día acabaría por dominarle...y entonces...
"¡Te equivocas y te lo demostraré!" Estaba más que harto de la Voz y de sus ordenes histéricas.
"¿Ah, sí? Me gustará ver cómo." ¿Qué pretendía hacer ese crío? ¿Seguir el rastro? ¿No se daba cuenta de que era demasiado peligroso?
"Voy a ir a salvarlo. Soy su hermano mayor y debo cuidar de él. No sé qué ha pasado ni qué le he atacado, pero que se prepare esa cosa, porque voy a patearle el culo, por haber echo daño a mi hermano."
Raél empezó a seguir el rastro a paso rápido, sintiéndose mejor que nunca y con plena confianza en sí mismo.
"¡Espera, no vayas! ¡No seas loco, te puede pasar algo! ¿acaso quieres morir tú también? Vamos detente, no vayas..." -dijo la Voz en un último intento desesperado.
-Mi hermano no está muerto, idiota. Y cállate de una vez, pesado. -respondió cansado Raél. De vez en cuando, la Voz le hablaba y le decía cosas así. Siempre que se ponía en el más leve peligro, le hablaba. Sin embargo él nunca le hacía caso y discutía con ella hasta que se callaba como ahora. Le intentaba dominar, eso lo sabía, pero estaba muy seguro de que nunca lo haría. Varios años después, descubrió que se equivocaba al pensar así...cuando ya fué demasiado tarde y el mal ya estaba hecho...
La Voz de la Culpabilidad no respondió esta vez. Se quedó callada, pero observaba todo cuanto hacía. Pero no importaba, ahora que se había callado, podría buscar a su hermano sin que nadie le interrumpiera. Mientras seguía el rastro (ahora con más huellas de una especie animal que de sangre) la lluvia empezó a amainar hasta que paró. Por su parte, la densa niebla empezaba también a levantarse, con lo que su visión mejoró. Sin embargo, para cuando llegó a donde acababa el rastro, la noche ya había empezado a descender sobre el valle extendiendo sus oscuros tentáculos por todas partes, sumiendo al valle a la negrura más absoluta.

4

Cuando llegó al final del rastro, lo que vió le asustó, pero pudo sobreponerse, pues era la entrada de una pequeña cueva, pero alguien o algo la había decorado con huesos de animales, los cuales aún tenían carne, pero ya podrida y putrefacta. Y el estado de los huesos no era menos que deplorable. El olor que despedía todo era demasiado desagradable como para soportarlo, así que Raél entró a toda prisa en la cueva, sin darse cuenta de que había algo que pertenecía a su hermano. Atrás se dejó su ropa, totalmente desgarrada y empapada de sangre...
Raél avanzó por un túnel torpemente excavado en la tierra, a pesar de su corta estatura, tenía que avanzar agachado. El túnel estaba oscuro y no veía muy poco y cada vez veía menos, pues ya se estaba haciendo de noche. Y era realmente oscura. Cuando ya llevaba un buen trecho en el que se había caído varias veces, haciéndose heridas en los brazos y piernas, y se había golpeado contra las paredes y el techo, llegó a una intersección. Ayudándose del tacto, descubrió que los dos túneles descendían, pero por el de la izquierda podría avanzar de pie, pues no pudo tocar el techo, sin embargo por el de la derecha debería avanzar arrastrándose, pues apenas era una abertura en el suelo. "Maldición...-pensó- no sé quién o qué ha construído esto, pero como me lo encuentre, le pegaré una buena patada en el culo, vaya que sí. En fín...creo que iré por el más grande, pues si esa bestia o lo que sea llevaba a Rhûn a cuestas, lógicamente no habrá ido por el pequeño" De manera que Raél se decidió a ir por el túnel más grande. Caminó sin problemas siguiendo la pared. Sin embargo, cuando hubo recorrido un buen trecho, el túnel descendió de alura de repente hasta no ser más que una abertura en el suelo. "¡Maldito sea! Me ha engañado el muy...cabrón. En fín...no hay más remedio que arrastarse...sólo espero que el suelo no esté muy sucio ni que hayan ratas. Odio las ratas, de verdad, no puedo soportarlas, me dan mucho asco y me quedo paralizado de puro miedo nada más ver una.".
Raél avanzó penosamente por el estrecho agujero durante un largo trecho, magullándose en los brazos y piernas. Raél se maldecía a sí mismo por dejar que pasaran estas cosas, pues lo estaba pasando realmente mal, porque además de las estrecheces, había empezado a sentir un olor muy fuerte, parecido al que había sentido en la entrada de la cueva. era un olor pútrido y asqueroso, y conforme iba avanzando, aumentaba más y más. Tan fuerte se hizo el olor, que incluso le vinieron unas fuertes arcadas, al principio intentó avanzar, pero eran demasiado fuertes como para ignorarlas hasta que al final, ya exhausto, vomitó. Sin embargo, aún no había salido del agujero, por lo que el vómito quedó entre él y lo que (o eso esperaba él) era ya el último tramo. "Agh...esto es lo que me faltaba, pasar por encima de mis propios vómitos" pensó "en fín...no puedo volver atrás, así que...supongo que no tengo más remedio...". De manera que Raél pasó por encima de sus vómitos, aguantando la respiración y haciendo un gran esfuerzo para no vomitar otra vez. Sin embargo y a pesar de las dificultades, aún no había salido, pues lo que le pareció en principio una salida, era en realidad una bifurcación. Un camino bajaba y otro subía. Por el camino que subía descendía un agradable olor a hierba mojada, y un viento frío que helaba los huesos. Por el camino de abajo subía el mismo olor a pútrido y cosas muertas y en descomposición que había sentido antes. "No cabe duda de que el de arriba sube, así que...tendré que bajar". Antes de hacerlo, aspiró el olor a hierba mojada que tanto le gustaba y sintió el aire frío en su piel. Quería sentir que aún estaba vivo, que esto no era una pesadilla, sino algo real. Debía rescatar a su hermano de las garras de aquella bestia o lo que fuera aunque dejara la vida en ello, pues su hermano era lo más importante no sólo para él, sino para todo el mundo. No importaba qué peligros podían esperarle ahí abajo, agazapados en las sombras, no importaba si habían enormes ratas, todo daba igual, él debía rescatar a Rhûn. Decidido como estaba a bajar, cogió todo el valor que le quedaba (y mucho aire), y empezó a descender por el estrecho y tosco túnel.

5

Cuando se despertó, el Monstruo lo llevaba cargado como un saco. Al principio sólo pudo verlo todo negro, pero cuando sus ojos se adaptaron a la oscuridad, pudo ver perfectamente por dónde lo estaba llevando. Era un túnel cavado en la tierra, muy largo y con muchos recodos. Después de un rato, se dió cuenta de que no eran recodos, sino bifurcaciones. "¡Oh, no!"-pensó-"Raél se perderá cuando pase por aquí. Si no hago algo ya, no podrá encontrarme, pero...¿qué puedo hacer?" Pensó durante un rato, quería dejarle alguna señal para que pudiera seguir el camino correcto, pero, no tenía nada que pudiera servir. A no ser...metió la mano en el bolsillo interior de su jaqueta y sacó parte de una galleta de chocolate bastante grande. Siempre llevaba una ahí, por si le entraba hambre y estaba lejos de casa o por si veía algún pájaro con hambre. A los pájaros les encantan las galletas, eso lo descubrió el año pasado en un paseo por el bosque cercano al pueblo. Sacó la galleta y mientras se la comía, muchos pájaros acudieron a comerse las migas. Desde ese día, los pájaros eran sus amigos y acudían en su ayuda siempre que él lo necesitaba. Al menos, eso fué lo que le dijeron que harían, pero hasta ahora, sólo lo habían hecho una vez...
Rhûn partió el trozo de galleta en trozos más pequeños y después fué machacándolos con las manos de tal forma, que dejaba un reguero de migas a su paso. Así estuvo un largo rato, consciente de que el Monstruo podía descubrirle. Y lo hizo, le descubrió, podía sentirlo mirándole enfurecido, pero...le dió igual, él debía ayudar a su hermano a que le rescatara, sino, no podría morir en paz, y su espíritu le atormentaría en sus sueños. Así que siguió esparciendo las migas hasta que sintió un gran golpe en la espalda y perdió el sentido.

6

El Monstruo avanzaba rápidamente hacia su nido con su joven y tierna presa al hombro. Una vez que llegara, la devoraría poco a poco, pues presas jóvenes como estas, eran muy poco comunes, ya que había gente que las protegían "padres" les llaman y también "papá" y "mamá". Esas palabras no le decían nada a ella, pues nunca había tenido ninguna cría. Tampoco le importaba. Sólo quería comer y comer, pues su hambre nunca se saciaba. Devoraría a éste y luego buscaría al otro por el "Laberinto". Las crías mayores siempre buscan al las menores. Así de estúpidos son los Humanos. Acabaría perdiéndose como todos lo hacían, entonces ella lo encontraría y lo se lo comería también, como siempre hacía. Pero antes, tendría que llevárselo a su nido, eso era imprescindible. Debía que hacerlo siempre que atrapaba a una presa. Se volvió para ver si su presa había despertado (algunas lo hacían incluso a la entrada, pero luego se volvían a desmayar a causa del miedo que les producían los Huesos). Se vió sorprendida como no se había visto antes por una inútil cría humana. Aquel pequeño insecto estaba dejando un rastro con una especie de roca blanda o algo así. No pudo creer lo que estaba viendo, por primera vez en mucho tiempo, uno de esos odiosos "niños" estaba intentando escapar. Allí, en su madrigera. Eso era algo intolerable y le dieron ganas de matarlo allí mismo, pero se contuvo, pues aún debía llevarlo al Nido. Aún así, le dió un fuerte golpe en la espalda que dejó sin sentido al pequeño insecto. "Bien -pensó- ahora, que vengan y borren el rastro". Se paró, dejó a la cría en el suelo y emitió un agudo silvido que retumbó por toda la cueva. Al principio no ocurrió nada, pero al cabo de un rato, empezó a crecer un rumor que venía de todas partes, y al momento, salieron de cientos de agujeros decenas de ratas que cubrieron todo el suelo delante del Monstruo. Se colocaron delante de ella, en posición erguida, como un regimento de horribles soldados esperando las órdenes de su temible sargento. El Montruo chilló algo en una lengua incomprensible al oído humano, pero que las ratas comprendieron perfectamente, pues se pusieron a trabajar frenéticamente y emitiendo desagradables y agudos chillidos.
Empezaron a limpiar el suelo del Laberinto comiéndose todo lo que encontraban, fuera comestible o no. Eso daba igual, pues hacían todo lo que se les ordenaba, sin rechistar. Eran bastante fieles, pero siempre había alguna que no obedecía, suponía que era algo normal, pero de todas maneras, ella devoraba a ese tipo de ratas delante de las demás para que así aprendieran. Pero no lo hacían. Suponía que, después de todo, las ratas no eran tan inteligentes como ella creía. No importaba, pues ella siempre tenía hambre...Sin más preocupaciones que la de comer, agarró al pequeño insecto y emprendió la marcha hacia su nido, dejando atrás a las ratas y relamiéndose al pensar en lo tiernecita y deliciosa que estaba su presa.





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