Clan DLAN
20 de Febrero de 2018
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Capítulo 3: La fragilidad de la sangre

Pasaron las horas descansando en el bosque cercano al Lago Cristalino, sin haber ningún tipo de incidencia. No volvieron a aparecer Loar ni esa bestia en la que se había convertido Caine. Atla y Nirea, alumbradas por la luz de la hoguera que las hacía todavía más bellas, comentaban los hechos ocurridos. La princesa no podía creerse el hecho de que ella era en parte culpable de la transformación de su guardaespaldas y su hermana intentaba consolarla casi en vano.
Al otro lado de la pequeña hoguera se encontraban Shinain y Joneal tumbados en el suelo intentando descansar y pasando la mano por la hierba, la cuál se mecía lentamente debido a la suave brisa que corría por allí. Hablaban de sus pasados, de cómo vivía cada uno en su aldea, y su infancia, ocultando los secretos más ocultos de cada uno, el guerrero ocultó la triste historia de su padre y el mago, escondió el verdadero objetivo de su viaje hacia Krizea pero intentaban contar sus historias con la mayor fidelidad y detalle.

-Ya sé-comenzó a decir Joneal mirando fijamente a Shinain-que debido a lo que le pasó a tu amiga, no pudimos hablar mucho pero me gustaría ayudarte.
-¿Ayudarme en qué?-preguntó Shinain tras ponerse boca arriba mirando a la Luna.
-En tu venganza-contestó el mago rápidamente.
-¡Ah, bueno!-exclamó el otro mientras pronunció una sonora carcajada-Sí, ya esperaba contar con vuestra ayuda.
-¡Ja, ja, ja! Eres muy confiado
-¿De verdad-comenzó a preguntar mirando a Joneal-piensas que me ibais a dejar solo después de lo que hemos vivido estos días?
-...La verdad es que no-le contestó decididamente-Antes de que se me olvide debo hablar contigo sobre algo... creo que es importante.
-¿Sí? Dime.
-¡Hola chicos!-interrumpió Atla la conversación-¿De qué estáis hablando?
-De cosas de hace un momento-contestó Joneal.

Entonces, Joneal se giró hacia Shinain y en voz baja le susurró: “Mañana te lo cuento”; el segundo se levantó cogiendo del brazo a Atla y apartándola de donde estaban muy acaramelados Nirea y Joneal, abrazados en la hierba. Cuando los otros dos estuvieron tumbados en el suelo, Shinain creyó que era correcto de que rodease con sus brazos a Atla para darle calor y así lo hizo. Sus musculosos brazos rodearon el frágil cuerpo de la joven que enseguida sintió como su corazón comenzaba a acelerarse y lo único que hizo fue poner una mano encima de las de él sin dirigirle la mirada dijo:

-Buenas noches, Shinain. Mañana será mejor.
-Buenas noches.
La noche pasó con una inesperada calma y tras desperezarse, Joneal cogió a Shinain del brazo y lo apartó de las chicas para decirle “aquella cosa importante” de la anterior conversación.

-Shinain, escucha atentamente.
-Te escucho-dijo Shinain poniendo una especial atención a sus palabras.
-La Corte de Selekia dijo que en Eternia, se había realizado experimentos con ADN que no era humano-explico Joneal moviendo las manos de un lado para otro.
-¡Espera, espera!-dijo Shinain llevándose una mano en la cabeza-Explícate mejor.
-De acuerdo, se me había olvidado que Eternia no está al nivel del resto de continentes. ADN son las siglas de Ácido DesoxirriboNucleico, es decir, la base molecular de la herencia biológica-explico Joneal pensando que había liado más al receptor.
-¿Sangre?-preguntó Shinain creyendo haber sacado algo en claro.
-La sangre lo contiene. Bueno, la cuestión es que se dice que en la Torre de Carbón se produjeron experimentos genéticos creando clones.
-¿Y que es lo importante?
-Creo... que tú eres uno de esos clones.

Shinain se quedó completamente boquiabierto. No sólo no habían entendido la totalidad de lo que su compañero le había contado sino que además, le está diciendo que él fue producto de un experimento. El chico se dio media vuelta dirigiéndose a las hermanas, pero Joneal le volvió a coger del brazo.

-Oye, me quedaría más tranquilo si fuéramos a la Torre-dijo Joneal mirando el suelo.
-...Les iba a decir a las chicas que fuéramos, creo que estás en lo cierto.

Joneal fue ahora el sorprendido. Jamás se pensaba que alguien pudiese haber tomado la idea de ser un clon tan fácilmente.

-¿Por qué?-preguntó mirando el pelo de Shinain.
-A veces no tengo actitudes humanas. Mato a gente fácilmente y me produce una extraña sensación de... euforia. Cada vez tengo más ganas de ver sangre-dijo Shinain mientras apretaba con fuerza su puño-y por momentos pierdo el control de mi cuerpo y es como si apareciese una bestia salvaje.

Joneal no dijo nada y se limitó a darle una palmada en el hombro y se dirigió, acompañado de Shinain, a hablar con las chicas para decirles sus nuevos planes de ir a la Torre de Carbón. Después de contarles toda la historia, Atla abrazó a Shinain y accedieron a dirigirse todos a la Torre, queriendo encontrar indicios que les dijesen que la Corte estaba equivocada.
Así que, después de apagar la hoguera y tras lavarse un poco en el Lago, tomaron dirección al Noreste donde encontrarían la Torre.

-¿Así que finalmente se lo has contado?-preguntó Nirea a Joneal tras acercarse a él.
-Es lo mejor-contestó cogiéndole la mano-hay que despejar cualquier duda posible sobre su origen.
-¿Y cómo se lo ha tomado?-volvió a preguntar apoyando su cabeza en la del chico.
-Se lo ha tomado bien, demasiado bien para ser él.

En el otro lado del pedregoso camino rodeado de árboles y de antorchas que alumbraban parte del camino, se encontraban Shinain y Atla que también estaban hablando sobre la Torre y los experimentos.

-Oye Shinain-dijo Atla tímidamente-yo también tengo que decirte algo, y creo que también es importante que lo sepas.
-Bueno-pronunció Shinain mientras pasaba su mano por el pelo-pues dímelo ya.
-Hace unos años, cuando todavía vivía en Krizea-comenzó a explicar Atla mirando al frente-había un joven con el que hablaba mucho y nos llevábamos muy bien...
-¿Y?-preguntó Shinain en un tono de “y a mí que me importa”.
-¡No seas impaciente!-exclamó Atla al tiempo que giró su cara y vio que él le estaba mirando y le sonreía-Bueno, lo que pasaba es que ese chico era exactamente igual que tú.
-Venga, ¿estás de broma?-el joven se detuvo antes de preguntar.

Los otros también se pararon y se pusieron delante de Shinain, que miraba el suelo, Joneal le puso las manos en sus hombros y agachó su cabeza para intentar mirarle a los ojos casi en vano.

-Recupérate Shinain-dijo Joneal-Has pasado por algo peor.
-¿Qué paso con ese chico?-pregunto Shinain mirando exclusivamente a Atla.
-Un día-siguió explicando la princesa tras coger la mano del joven-salimos del castillo y a pocos metros nos atacaron unos monstruos y por defenderme, él murió.
-Entonces no sería como él.
-¿Por qué lo dices?-preguntó Atla soltándole la mano.
-Porque yo les hubiera roto la cabeza con mis propias manos.

Tras la frase de Shinain, él reanudó la marcha hacia la Torre de Carbón y los otros hicieron lo mismo, no había mucho tiempo para perder.
Tras llevar un buen rato caminando por ese “maldito camino”, como había gritado Nirea minutos atrás, un grupo de hombres vestidos con pantalones negros y una capa blanca aparecieron delante de ellos pero no hicieron nada, poco a poco, iban caminando hasta que se cruzaron, momento en el que Shinain sacó rápidamente su espada y paró las tres espadas que se dirigían hacia su espalda.
Los tres asaltantes dieron un salto hacia atrás, momento que el grupo aprovechó para sacar sus armas, excepto Atla, que miraba la marca de la palma de su mano de la que debería aparecer la espada de luz, pero no aparecía nada. Así que Nirea, con su espada de oscuridad y Joneal, con su vara de metal se unieron a Shinain y su espada para pelear contra ellos, pero cuando Joneal estuvo lo suficientemente cerca de ellos, pudo ver la capa y entonces supo quiénes eran.

-¿Os envía la secta Sirocka, no?-preguntó Joneal apretando la vara con más rabia.
-Veo que todavía te acuerdas de tus súbditos-dijo uno que parecía ser el cabecilla.
-A ver, no me estoy enterando de nada-dijo Nirea.
-La secta Sirocka era un parte importante de la Corte ya que daba la mayor parte de los ingresos, yo era su jefe en la Corte-explicó Joneal sin dejar de apretar la vara.
-Ahora nuestra misión es matarte, a ti y a tus amigos-dijo el líder señalándoles con su espada.

Shinain sintió que se encontraba cerca de descubrir la identidad de quien fue el que arrasó su aldea además de descubrir quien era ese encapuchado que mató al Birgal por él.

-Vamos a por ellos-dijo Shinain dándole una vuelta a la espada.
-Que no quede ni rastro-dijo Joneal abalanzándose sobre ellos.

Los tres comenzaron a pelear con los miembros de la secta, los cuáles tenían un increíble manejo de la espada y pararon la mayoría de los golpes y tras el tanteo inicial, finalmente acabaron en un uno contra uno. Nirea demostró que se defendía muy bien con la espada y tras unos cuántos ataques de cada uno, Nirea dio una pequeña vuelta y clavó la espada en la espalda del miembro de la secta donde se formó un círculo negro que pareció acabar con la vida de él y tras eso, desapareció consumido por la oscuridad; mientras tanto, Shinain, enlazaba la espada con algún puñetazo acertado al estómago o a la cara para desconcertarle, pero el enemigo le cogió la espada y la lanzó cerca de Atla, la cual se sentía completamente inútil, pero algo pasó, Shinain se encontraba en peligro y la marca de la palma de la mano de la princesa comenzó a brillar y a girar y apareció otro círculo más grande a pocos centímetros de la otra y de esa manera apareció la espada de luz llenando de la misma parte del camino pedregoso que habían estado siguiendo.
Todos se quedaron sorprendidos al verla excepto Joneal que seguía ocupado peleando con el cabecilla, Atla también fue una de ellas al verla en su mano como la primera vez, no sabia porque estaba allí.

-(¿La espada se activa cuando veo a Shinain en peligro o por que demonios se activa?)-pensó Atla para su interior.
-¡Aprovecha ahora!-gritó Nirea.

Atla corrió hacia el sectario al que se enfrentaba Shinain y empezó a pelearse con él, mientras que el otro fue corriendo al lugar dónde estaba su espada. La princesa pudo hacerle un par de cortes pero la habilidad de su contrincante era mucho mayor que la de ella y estaba en una clara desventaja, pero fue entonces cuando Shinain apareció corriendo y le hizo un corte horizontal a su contrincante en el pecho y Atla le hizo otro diagonal en su torso, ya sólo quedaba Joneal.
Nirea y Atla estaban agotadas después de haber usado sus poderes y Shinain se dirigía a ayudar a su compañero.

-¡No!-gritó Joneal mientras paró la espada con su vara-¡Déjame a mí solo!
-¿Seguro?-preguntó Shinain alejándose lentamente.
-¡Sí, enfunda tu espada, guerrero!

Shinain hizo caso a las palabras de Joneal, y se dirigió al lugar donde estaban las hermanas mientras limpió su espada y la enfundó, no había sido una pelea muy sencilla.
Joneal seguía peleándose con el cabecilla de los asaltantes, y pensó que era normal que se había ganado ese título, ya que su resistencia y habilidad eran muy buenas, y fue entonces, cuando el cabecilla atacó con la espada utilizando las dos manos, poniendo todo su poder en ella, Joneal la paró e inclinó la vara provocando que el otro se cayese al suelo, momento que el mago aprovechó para darle con su vara en la cabeza y tras esto, puso la vara en la garganta del cabecilla.

-Como puedes comprobar puedo matarte en cualquier momento-dijo Joneal con una cara de rabia que todavía no había puesto.
-¿Qué quieres?-dijo el otro tragando saliva y sintiendo el frío tacto de la vara.
-¿Dónde os escondéis?-preguntó Joneal.
-En una cueva cerca de aquí, la reconocerás-contestó el cabecilla completamente asustado.
-Gracias por la información-dijo mientras con un golpe seco hundió la nuez de su contrincante dejándole muerto.

Joneal volvió a poner la vara en su espalda y se sacudió las manos para limpiársela de polvo y sangre. Se dirigió al resto y vio que Nirea y Atla estaban sentadas en el suelo mientras que Shinain estaba apoyado en un árbol con los brazos cruzados y sonriendo. Nirea se levantó y abrazó al mago y él le rodeó con sus brazos.

-Shinain, ¿te importa que antes...?-preguntó Joneal sin dejar de abrazar a Nirea.
-Claro que no-le interrumpió-Creo que esta mierda de secta fue quien arrasó mi aldea.

De nuevo, los cuatro pusieron rumbo, esta vez a la cueva donde estaba situada la secta y Shinain ya pensaba en como iba a destrozar los cuerpos de quienes hayan incendiado su aldea y estaba feliz por vengar a su madre, fue entonces, cuando recordó lo que Atla había hecho por él.

-¡Ah! Atla, gracias por salvarme de nuevo, te debo dos.
-No hace falta que me debas nada Shinain, somos un grupo, ¿no?-dijo Atla mientras volvió a dirigir la misma sonrisa a él, igual que la primera vez que se encontraron.
-Atla, creo que...-dijo Shinain.
-¡Eh chicos!-dijo Nirea interrumpiendo la confesión de Shinain y dándose cuenta de ello-Perdona Shinain, es que allí hay un pueblo en el que podíamos descansar un poco.
-Pero si pasa el tiempo, se darán cuenta de que falta gente y vendrán a buscarnos-dijo Atla que sin darse cuenta había cogido la mano del guerrero.
-Les mataremos-sentenció Shinain.
-Claro-le apoyó Joneal.

Así que se dirigieron hacia el pueblo que había por esa zona y la primera impresión no podía ser mejor, una fortaleza que rodeaba el perímetro con una columna impresionantemente alta que sólo podía ser traspasada por un pájaro, o alguna bestia alada. Dos torreones se encontraban un poco separados y en ella había dos guardias franqueando la entrada.

-Bienvenidos a Eria-dijeron los guardias tras una pequeña reverencia.

Sin duda alguna, habían reconocido a Atla, porque si no dudaban el origen de tanto respeto. Al entrar al pueblo, vieron casas situadas por todas partes hechas de piedra y con el techo de madera, en la esquina noroeste se encontraba un santuario al que Atla debía ir por ser miembro de la realeza y una casa más grande que parecía ser el lugar donde descansaba el alcalde o el rey de Eria. Era un pueblo tranquilo, que no solía meterse en ninguna confrontación y siempre había sido un reino democrático y un apoyo para el reino de Krizea, por lo que Atla, debía hacer una ronda para presentar sus respetos e informar de la desaparición de su reino.

-Oye, debo ir al santuario, y a esa casa más grande-dijo Atla mientras señaló cada una de ellas.
-¿Quieres que te acompañemos?-preguntó Joneal.
-No hace falta, vosotros ir a la posada, y yo ya iré hacia allá, cuando haya terminado-contesto Atla con una sonrisa.
-No vengas tarde, tenemos que hablar de una cosa muy importante, ¿vale?-dijo Shinain mirándola fijamente.
-¡Vale!-contestó Atla-¡Hasta luego!

Atla se marchó corriendo, para llegar más pronto a la posada, al santuario, el primero de los dos lugares a donde debía ir, y finalmente llegó. Ante sus ojos se encontraba una edificación enorme de paredes blancas, cristaleras con ángeles matando a demonios y abrió la gran puerta de madera y vio su interior. También de paredes blancas, cuadros, bancos de madera y una sacerdotisa arreglándolo todo para la próxima visita de la gente.
La princesa se quedó parada y tosió para llamar la atención de la mujer, la cuál se giró y su expresión de indiferencia, cambió a una de alegría.

-¿Señorita Atla?¿Es usted?-preguntó la sacerdotisa con una voz muy dulce.
-¡Hola, Beatrice!-dijo Atla acercándose a ella-Ha pasado mucho tiempo.

La mujer era extraordinariamente hermosa. Su piel ligeramente blanca contrastaba con el azul de sus ojos y su pelo, y su cuerpo era perfecto, no era delgada, sino que tenía un cuerpo con curvas, que la hacía muy atractiva. Tras darse un abrazo y soltar alguna lágrima, las dos se sentaron en uno de los bancos.

-¿Cómo estás pequeña?-dijo Beatrice cogiéndola de la mano.
-No muy bien-contestó Atla.
-¿Debido a que, hija?
-Krizea fue completamente destruida por la luz lunar y mi padre murió allí-contestó con una voz suave conteniéndose alas lágrimas.
-Había oído algo al respecto, ¿y cuál es el motivo por el que estás aquí?-pregunto Beatrice de nuevo.
-Ha habido demasiadas situaciones parecidas a ésta en todo el planeta y creo que no es natural-explicó Atla mirándola a los ojos.
-Bueno, pues espero que tengas suerte y ¿qué tal con los hombres?-pregunto tras una pequeña carcajada.
-Bien, ahora voy con un chico que me recuerda a él.
-¡Ah! Pues espero que tengas suerte.
-¡Muchas gracias! ¡Tengo que ir a la casa del alcalde!-exclamó Atla levantándose.

Beatrice se levantó y abrazó de nuevo a la joven y tras un pequeño tiempo paradas, Atla corrió hacia el exterior dirigiéndose a la casa del alcalde, una casa más grande que las demás, con más ventanas, y más espacio interior. Cuando entró a la casa, apareció un niño pequeño que tras llamarla prima, corrió hacia ella y ésta le levantó.

-¡Hola! ¿Cómo estás, Nicholai?-dijo Atla sonriendo al niño.
-Muy bien, primita-contestó el pequeño.
-¡Hola, sobrina!-dijo un hombre adulto de pelo largo y barba de cuatro días, muy alto y corpulento, que estaba sentado en una silla con la mano en la barba.

El tío de Atla vestía una típica armadura completa que lleva la forma de los pectorales y de los abdominales, y una capa negra abrochada con un botón negro con el símbolo de Krizea. Atla definía a su tío como “uno de los hombres más atractivo que había visto en su vida”, la joven se dirigió hacia él y le abrazó.

-Ya me han contado lo que le ha pasado a Krizea, pequeña-dijo su tía poniéndole una mano en la cabeza.
-No pude protegerla-dijo Atla mientras estaba llorando.
-No podías hacer nada para protegerla.

Tras una conversación hablando del reciente pasado y del presente, Atla le dijo que le acompañaban tres poderosos guerreros y que iba a parar la luz lunar aunque tuviese que viajar hasta a la misma Luna. De esa manera, se despidió de su familia y se fue hacia la posada, pensando en que era eso tan importante que Shinain le tenía que decir.
Al llegar a la posada, entró y vio el buen ambiente que había ella, gente del pueblo, aventureros, y demás bebían alcohol sin preocuparse de nada de lo del exterior y en una mesa al fondo vio a Nirea, Joneal y Shinain y éste le saludó.

-¿Qué tal las visitas oficiales, hermana?-preguntó Nirea con un cierto retintín.
-Muy bien. Beatrice sigue bien y los tíos han tenido un niño-contestó Atla mientras se sentaba.
-¿Han tenido un niño?-preguntó de nuevo, esta vez con cierto interés.
-Sí, se llama Nicholai, es igual de guapo que su padre.
-¿Tus tíos son los alcaldes de Eria?-preguntó Joneal mezclando sorpresa e indiferencia.
-Así es.

Tras beber y charlar un poco, se dirigieron a dos habitaciones que habían alquilado, una para Nirea y Joneal y otra para Atla y Shinain.
La princesa esperaba que el otro dijera algo pero al comprobar que no era así, se metió en la cama para descansar aunque no podía. Finalmente, Shinain se levantó y se salió hacia uno de los balcones y Atla le siguió un minuto después.

-Te vas a constipar-dijo Atla apoyada en la puerta del balcón.
-Oye Atla, ¿qué piensas de mí?-preguntó Shinain viendo el resto del pueblo.
-¿Cómo?-preguntó Atla un poco sorprendida pero se dispuso a contestar-Eres un compañero excelente, peleas muy bien y además me...
-Atla, te quiero-dijo Shinain interrumpiendo a Atla-Desde que me sonreíste por primera vez sentí algo que jamás había sentido por nadie, ni por Loar. Eres especial.

Atla no podía creerse lo que le acababa de decir Shinain y estaba tapándose la cara para que no le viese llorar. Él se le acercó y le abrazó sintiendo el frágil cuerpo de ella a quien tenía que proteger.

-Tú... también eres... especial para mí...-dijo Atla entre lágrimas

Finalmente, ella rodeó con sus brazos el cuello de él y se fundieron en un tierno beso a la luz de la luna, mientras que Shinain le quitaba con la mano la camiseta de tirantes de ella y Atla pasaba sus manos por el cuerpo de él.

Tras descansar, Joneal se asomó al balcón que unía las dos habitaciones y llamó desesperadamente a sus compañeros.

-¡Chicos, la secta está atacando la aldea!

Rápidamente, todos se vistieron y prepararon sus armas, bajaron por las escaleras y vieron a toda la gente muerta, las paredes y el suelo llenos de sangre y la expresión de pánico de los cadáveres. Shinain comenzó a respirar intranquilamente, y salió el primero de la posada cortando dos cabezas de sectarios y llenándose de sangre. Joneal comenzaba a plantearse por primera vez el origen humano de su compañero ya que había algún comportamiento que pareció digno de un demonio. Tras esto, los tres corrieron afuera y vieron más gente muerta y sectarios robando, matando y destruyendo la aldea.

-¡Esta vez sin remordimientos!-gritó Atla mientras aparecía en su mano la espada de luz.
-¡A por ellos!-gritó Nirea empuñando la espada de oscuridad.

Los tres corrieron atacando a los sectarios con los que se cruzaban y se notaba que su nivel era inferior al de los tres contra los que pelearon en el bosque pero su número era mucho mayor. Finalmente, se encontraron con Shinain y se dividieron en un grupo, los chicos por un lado y las chicas por otro. Los chicos iban matando a todos los que se enfrentaban cortándoles la cabeza o algún miembro como brazos o piernas y las chicas iban corriendo hacia la casa de su tío y le vieron fuera arrodillado en el suelo y con un círculo encima suya en la que habían cinco círculos situados en forma de cruz.

-¡Tío!-gritó Nirea mientras corría hacia él pero se cruzaron mucho sectarios en su camino.
-¡Nirea!-dijo su tío con una voz débil-Me alegro de que estés viva...

El círculo comenzó a girar y una lanza cayó del cielo, que al atravesarlo se hicieron cinco lanzas y se clavaron en el cuerpo del tío de las hermanas.

-¡No!-gritó Atla y Nirea a la vez.

Las dos espadas comenzaron a resonar al unísono y se hicieron más largas y anchas y casi sin poder controlarla, la espada de Nirea dio un corte transversal a los sectarios y la oscuridad de su arma absorbió la sangre que habían soltado, en cambio, la espada de luz, lanzó un rayo brillante hacia el resto y también murieron. Las hermanas estaban completamente sorprendidas y las espadas dejaron de retumbar y desaparecieron.
Joneal y Shinain acudieron y vieron al hombre con las cinco espadas clavadas en el cuerpo y vieron que encima de la casa había un hombre encapuchado que se estaba riendo.

-¡Tú!-gritó Shinain empuñando la espada-¡Tú fuiste quién incendió mi aldea!
-¿Y qué si lo hice?-preguntó el encapuchado con una extraña voz que parecía de ultratumba.

La pregunta fue inesperada y tras ella, el encapuchado desapareció como aquella vez en la cueva. Shinain se quedó con ganas de acabar con él y destrozarle.

-¡A la guarida de la secta!-gritó Shinain-¡Tengo que verle muerto!
-Prima...
-¡Nicholai!-exclamó Atla mientras veía cómo salía de su casa-¿Estás herido?
-No-dijo mientras movía la cabeza de un lado para otro-Papá me dijo que te diera esto.

El primo de Atla sacó de un bolsillo un colgante exactamente igual al que Nirea llevaba en el cuello, y ella le dijo que ese colgante servía para poder controlar la espada. Atla abrazó a su primo y le dejo al lado de su padre muerto.

-¡Volveré a por ti cuando todo haya acabado!-dijo Atla mientras se dirigían hacia el exterior.

Los cuatro se dirigieron corriendo ala cueva que se encontraba a unos cincuenta metros de Eria y tal como le dijeron, Joneal reconoció la cueva por la marca de la secta a uno de los lados, tras entrar, les atacaron un par de sectarios a los que pudieron matar fácilmente y se dirigieron hacia el interior rápidamente.
Los túneles de la cueva eran oscuros, aunque las antorchas los iluminaban lo suficiente para poder andar por ellos sin peligro de chocarse contra una de las paredes. Tras un largo trayecto y tras matar a más sectarios, se encontraron en una gran sala que parecía ser el centro de reunión ya que había una mesa rectangular muy larga con sillas y jarras de cerveza y en el centro un altar con sangre en la que parecía que habían ofrecido en sacrificio a alguien recientemente. En los cuatro pilares que sostenían el techo había una antorcha a cada lado y al fondo había un estandarte de color oscuro con el símbolo de la secta Sirocka dibujado en un color carmesí que simulaba la sangre.

-¿Dónde estás, maldito cabrón?-preguntó Shinain gritando haciendo retumbar su voz en todos los túneles.
-¡Tranquilízate Shinain!-exclamó Nirea un poco nerviosa.
-¿Cómo quieres que me tranquilice cuando tengo al que incendió mi aldea cerca de mis manos?-preguntó Shinain mientras notaba como había algo en su interior que latía además de su corazón.
-No sois un grupo muy sólido que digamos-dijo el encapuchado mientras apareció levitando encima del altar.

Shinain corrió hacia él saltando con la espada, pero el encapuchado le paró segundos antes creando un vacío delante suya y le lanzó hacia dónde estaba el resto.

-¡Ja, ja , ja! Pues resulta que no eras tan fuerte como para haber matado a todos mis discípulos-dijo el encapuchado tras bajar la mano-¿Habéis disfrutado, no?
-Claro que he disfrutado-dijo Shinain mientras se incorporaba-No he disfrutado tanto en toda mi vida.

Los otros tres estaban alucinados viendo como los dos mantenían una conversación en la que Shinain estaba quedando como el psicópata sediento de sangre que ya había mostrado varias veces. Atla ya no se atrevía a ponerle una mano en el hombro, se acababa de dar cuenta de que había algo muy oscuro dentro de él y que no podía traer nada bueno, aún así , ella le quería y pensaba hacer todo lo posible para protegerle de sí mismo.

-¿Por qué atacaste Eria?-preguntó Nirea.
-Para atraeros aquí y para hacer salir a su verdadero yo-dijo el encapuchado señalando a Shinain.
-¿Entonces es cierto?-preguntó Joneal.
-Sí, es completamente cierto-contestó el encapuchado.
-No te creo, ¡YO NO SOY UN CLON!-gritó Shinain.

Tras el grito, volvió a abalanzarse hacia el encapuchado y consiguió traspasar el vacío y los dos acabaron en el suelo y Shinain pudo verle la cara al encapuchado y lo que vio cambió su vida para siempre y el resto no debían saberlo. Tras ello, comenzó a darle puñetazos en la cara con una fuerza impresionante hasta que vio como la cara del encapuchado fue completamente irreconocible. Su brazo derecho se había llenado de sangre y cuando se levantó, comenzó a lamer al sangre de su enemigo.
-¿Qué haces, Shinain?-preguntó Nirea mientras se ponía la mano en la boca.
-¡Basta!-gritó Atla mientras se acercó y vio que los ojos de su novio no eran los de siempre, eran unos ojos llenos de ira.

Tras abrazarle, los ojos del chico volvieron a la normalidad y se dio cuenta de lo que acababa de hacer y se disculpó de todos. Joneal ya no tenía ninguna duda de que Shinain no era normal, como si tuviese doble personalidad y poco a poco, va apareciendo sustituyendo a la otra, de todas maneras, se alegraba de que la secta Sirocka había sido completamente erradicada y de que la influencia de la Corte en Eternia había desaparecido completamente.

-Shinain, ¿te encuentras bien?-preguntó Joneal mientras se acercó a su compañero.
-No lo sé-contestó Shinain un poco mareado y con la boca que le sabía a sangre-No sé que me está pasando.

Los cuatro salieron al exterior y volvieron a poner rumbo hacia la Torre de Carbón, pero antes volvieron a Eria a por el primo de Atla y Nirea y lo que vieron allí no ayudaba a mejorar el ambiente de crispación del grupo. Dos capas carmesíes se mecían con el viento por casi toda la ciudad y vieron que Loar y Caine habían acabado lo que la secta había comenzado, la ciudad estaba casi destruida en su totalidad y los pocos supervivientes estaban muertos incluido Nicholai, el cuál estaba bebiendo Caine de su sangre echándosela por el ojo como si le alimentase.

-¡Qué has hecho!-gritó Atla siendo sujetada por Joneal.
-Ya os habéis dado cuenta-dijo Loar que apareció detrás de Caine y éste lanzaba el cuerpo del pequeño-de que Shinain no es normal.
-¡No permitiré que digas nada de él!-volvió a gritar Atla con ira contenida.
-Nos veremos en la Torre.

Tras decir esto, Loar se subió encima de Caine y éste comenzó a saltar hasta llegar al final de la muralla y salir. El grupo, lleno de ira contenida y preguntas sin responder, se dirigieron hacia la Torre de Carbón para encontrar alguna respuesta y vengar a su familia.




Espero que os guste ???