Clan DLAN
25 de Mayo de 2018
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Pues eso, es un relato muy corto que escribí hace tiempo, a ver si os gusta.





Alãrã



1

Miró en derredor y escuchó con atención. Nada. Sólo oscuridad y silencio. Sin embargo... le había parecido escuchar algo... un ruido, como un gruñido, allá al fondo de la habitación. Pero... no podía ser, pues sabía que allí solo estaba

<la oscuridad>

ella y

<el silencio>

nadie más. Convencida de si misma, se durmió. Y soñó.

2

Estaba en la habitación. Ahora podía verla: la mesa, las sillas, la ventana (convenientemente tapiada), la puerta cerrada con ocho candados... todo estaba allí, ante sus ojos... Fue entonces cuando se dió cuenta de que si veía la habitación con todo detalle, era porque había luz, luz de algún tipo, pero era luz, maldita sea, había luz. Miró al techo, en busca de algún plafón o bombilla, pero no vió nada. “Qué extraño -pensó- quizá a mi espalda haya algo..”
Se volvió.

<oscuridad>

Nada, una pared. El empapelado representaba a unos duendes de ropas verdes con caras felices, "No, felices no -pensó- me miran con malicia, como diciendo 'acércate, solo jugaremos un poco' y ella se acercaría claro, pero sólo se daría cuenta cuando se le lanzaran encima y le sacaran los ojos..."
De repente, escuchó un sonido gutural, parecido al grito de una bestia salvaje. Aunque sólo duró apenas unos segundos, llenó la habitación con un sonido atroz y repugnante. La mujer se quedó paralizada de terror, allí donde estaba. Después de unos minutos que parecieron horas, se volvió lentamente...Los músculos se le habían agarrotado por la tension. Sin embargo, con mucho esfuerzo, pudo mirar por encima del hombro. Lo que vió, la despertó dando alaridos de terror.

3

Cuando se hubo recobrado del horror que había presenciado, se encontró de cara a la pared del fondo la contraria a la puerta. Recordó a los duendes en el papel de la pared. Recordó su mirada maliciosa, su falsa sonrisa... Se estremeció, pero decidió tocar la pared. Levantó las manos y las apoyó con delicadeza en el -suponía- intacto empapelado. Éste, en cambio, estaba totalmente raído y la pared desconchada casi por completo. Largo rato permaneció así, con las manos en el papel, mientras unas cucarachas paseaban
por sus dedos y una rata asomaba de un agujero situado a la altura de su cara. De haber estado consciente, habría sentido su hocico bajo su nariz, rozándole los labios, como si la rata hubiera salido a recibir a su amada con un dulce beso. La razón de su autismo era simple, pero a la vez complicada. Se dió cuenta de si había visto algo realmente fuera de lo común, era que cuando vió la habitación
en el sueño ésta, estaba nueva e impoluta. Como cuando sus raptores la secuestraron y la metieron en esta habitación, previamente condicionada (la ventana tapiada y la puerta con sus 8 candados). No entendía nada. ¿Cómo era posible tal cosa?¿Cuánto tiempo había estado allí? No tenía respuesta a esas preguntas ni podría llegar aunque se lo propusiera, supuso.

<hambre>

<sed>

El estómago le gruñó acusatoriamente, pues hacía mucho tiempo que no comía nada. Lentamente se acercó a la puerta. Cuando llegó a la altura de las sillas y la mesa, percibió un desagradable olor a madera podrida. No necesitó tocarlas para saber que estaban derruidas, como la pared y el empapelado. Siguió adelante. Finalmente, llegó a la puerta, con el convencimiento de que estaría podrida. No se equivocó. La puerta cedió en cuanto la empujó. Se abrió y se desplomó, convirtiéndose en un montón de mohoso serrín. Despues de tanto tiempo era libre. Sonrió y salió a la luz de la mañana. Nunca volvería a la casa.

4

La habitación daba al jardín trasero. En el lugar donde debía haber una cerca de madera, había una oxidada valla de alambre. Detrás y extendiéndose hacia abajo por la ladera de la colina, había un cementerio. Movida por un extraño instinto, la mujer avanzó hacia allí, bajando por un camino de losas entre lápidas. No recordaba haber saltado, tirado abajo o rodeado la valla metálica,
pero no importaba, pues ya estaba cerca del lugar al que (instintivamente) se dirigía.
Al final del cementerio, en la zona más antigua, y sentada de piernas cruzadas ante una lápida, se hallaba una mujer que había perdido la noción del tiempo. En la lápida estaba cincelada la siguiente inscripcion:

ALÃRÃ GÃRNÃN
2342-2372

Tu familia te
quería

Era su nombre. Era su fecha de nacimiento. Era su fecha de defunción. Era su lápida. Era su tumba. Alãrã estaba muerta. Ahora lo supo. Ahora podría descansar en paz...

5

El encargado del mantenimiento del cementerio pasó cerca de la tumba de Alãrã. La miró y le vino el recuerdo de esa pobre mujer. Era de familia rica y tenía una vida acomodada. Sin embargo, un día la secuestraron y la encerraron en una habitación con la única ventana tapiada y la puerta cerrada con 8 candados. La mantuvieron así durante seis largos meses. Luego, en vista de que no pagaban rescate, la abandonaron. No se sabe exactamente que le pasó a la pobre mujer, pero la gente suele decir que un perro salvaje entró en la casa y la devoró mientras dormía. Terrible, cierto, pero...¿No es mejor morir sin darse cuenta?