Clan DLAN
19 de Agosto de 2018
Actualmente tenemos 224 usuarios online.
Clan DLAN
Clan DLAN
Clan DLAN
Clan DLAN
Clan DLAN


(Antes de nada, deciros que fue la primera ez que use el nombre Aecleron, y a partir de esta historia, me gustó y lo cogí como nick, no es egocentrismo jeje Se ambienta en el mundo de warhammer.) Allá va:



Su pasión era la herbología, por eso la dijo como pseudónimo "ElLotoNegro" puesto que tenía prohibido decir su nombre y procedencia real puesto que podría estar contactando con demonios, aunque sabia que ese contacto no era demoníaco. Ella, en cambio, se denominaba "LagrimadeUlthuan".

Tiempos de guerra


Se conocieron hará tres meses por medio de la magia y esferas videntes. No se habían visto el rostro, no sabían de donde eran, ni la distancia que habría entre ellos, pero se comunicaban con frecuencia.

Aecleron iba a su cuarto siempre que podía a contactar con los vientos de la magia y poder hablar con ella. Aunque en aquella época de guerra Teclis estaba muy ocupado y hacia que sus adeptos también lo estuviesen. Un día Teclis les regaló a sus más aventajados aprendices unas bolas de cristal, para la videncia. Aecleron recibió una, y tras varias semanas contacto con una mente femenina.

Su pasión era la herbología, por eso la dijo como pseudónimo "ElLotoNegro" puesto que tenía prohibido decir su nombre y procedencia real puesto que podría estar contactando con demonios, aunque sabia que ese contacto no era demoníaco. Ella, en cambio, se denominaba "LagrimadeUlthuan".

Aecleron notaba poder élfico en su mente, y eso le hizo encapricharse más aun. Finalmente llego el día en que quedaron en una isla al sur de Ulthuan, al sur de toda esta guerra. Era una isla pequeña, no tenia ningún valor estratégico, casi nadie la visitaba. Era un perfecto lugar para encontrarse. La preguntó si conocía un claro en el centro de la isla, ella tardo en canalizar la respuesta, pero finalmente dijo sí. Quedaron en encontrarse diez noches después de esa conversación con una escolta de confianza, por si existía algún ataque enemigo. Él llevaría un loto negro en sus ropajes y ella un pendiente en forma de lágrima en la oreja derecha, solo para reconocerse más rápidamente.

Pasaban los días y Aecleron trabajaba con más empeño en sus tareas, y llego a ser uno de los más importantes en la torre. Hasta que llego la novena noche, y entre la oscuridad partió de un puerto cercano con unos cuantos hombres. Se puso una túnica encima de sus ropajes, pues el frío de la noche era verdaderamente insoportable. Y se puso en rumbo el pequeño navío.

Al amanecer vislumbraron la isla al fondo. El mago elfo miró al cielo. El sol estaba casi en el centro. Llegaba pronto, una media hora, calculaba. Habían quedado a la hora en que ningún ser vivo daría sombra alguna. Amarraron la embarcación a unos troncos de la orilla y salieron hacia el claro. Aecleron iba acompañado de dieciséis guerreros, su hermano; que era capitán, y un puñado de arqueros, unos diez. Caminaba en cabeza el mago, todo excitado ante aquel inminente encuentro. Entonces, entre el bosque que estaban cruzando, pudo ver como una patrulla elfa oscura rondaba por los alrededores. Aecleron cayó en la cuenta que aquella isla era una especie de almacén, con animales salvajes, ríos de agua transparente, fría, y frutos, además de madera. Mandó desenfundar a sus hombres. El ruido del metal desenvainado alerto al elfo oscuro más alto. Tenia tatuada una mantícora en su brazo desnudo, era claramente un señor de las bestias, seguramente, el líder de aquel batallón. Miro a su alrededor, y una delicada mano le impulso hacia atrás. Una hechicera. Aecleron maldijo su suerte, ya no tendría la ventaja mágica sobre sus primos oscuros, mientras el enemigo se escondía entre la cobertura del bosque. Una voz grave hablo:

-Vosotros, elfos de Ulthuan, hemos olido vuestros perfumes, sabemos que estáis ahí, preparaos para que la ira de Malekith caiga sobre vosotros.

-No tengo tiempo para morir, debo hacer algo antes, por lo que siento discrepar ante vos, pero vosotros seréis los que caerán -Dijo Aecleron al bosque, de donde procedía la primera voz.

Unas saetas salieron de entre los matorrales. La mayoría se clavaron en los troncos, pero algunas de ellas mordieron escudos, armaduras, y carne. Dos arqueros que estaban intentando ver un enemigo oculto cayeron. Lanzó una bola de fuego hacia delante pues fue el primer hechizo que recordó en esos instantes, pero, por desgracia, o por suerte; puesto que podía haber incendiado la isla, fue anulado en pleno vuelo el proyectil. Unos guerreros con lanza cargaron a los arqueros, que, sorprendidos, caían sin resistencia. El capitán alto elfo mando cargar al flanco de sus enemigos mientras los que no combatían cubrían a sus hermanos con los escudos puesto que había ballesteros cerca. Un rayo gélido apareció y Aecleron lo pudo dispersar por poco. Como contraataque envió una cabeza ardiente hacia el lugar de donde había aparecido el rayo. Se enfado puesto que no recordaba más que hechizos de fuego en ese momento. Raudo, lanzó una segunda bola de fuego mientras la cabeza desaparecía por arte de contramagia. El proyectil fue tan rápido que llego a su objetivo. Impactó a los arbustos y los incendio de inmediato. Estaban en guerra, ya plantarían más bosques al acabar. Unos ballesteros gritaron mientras corrían despavoridos en llamas. Entonces, al quemarse el ramaje, observó a la hechicera. Estaba lanzando un hechizo. Sintió que un viento frío cruzaba a su lado. Se dio la vuelta. Vio retorcerse de dolor a unos lanceros, y su hermano entre ellos. El señor de las bestias apareció en el combate de pronto, y lanzo una estocada contra un lancero que se sujetaba el brazo herido, le atravesó limpiamente la garganta. Los elfos que no sufrieron el hechizo, rodearon al oscuro elfo y le atacaron. Era un magnifico dominador de bestias, pero no un magnifico guerrero, y murió empalado. Intento dispersar el hechizo, pero era imposible, los elfos que estaban sufriendo murieron. Pusieron sus ojos en blanco del dolor que tenían que aguantar, fue demasiado para ellos. Su hermano se agarraba al hombro antes de perecer por culpa del hechizo.

La muerte del señor de las bestias pareció ser demasiado para los guerreros que huyeron, perseguidos por los arqueros, los lanceros supervivientes corrieron hacia los arbustos en llamas para atacar a los ballesteros, estos dispararon una andanada que acabo con tres de sus atacantes, pero fue una masacre cuando llegaron estos a su posición.

Aecleron desenfundo y cargo a la hechicera. Esta sujetó su báculo y detuvo la primera estocada, pero el elfo era más hábil, y tras una finta, la hirió en el pecho. La elfa cayó sangrando. Aecleron la observo. Un repentino odio le sobrevino. Se quitó la túnica para manejar mejor la espada y dar el golpe de gracia a la hechicera. Cuando hubo hecho esto, levantó su arma. Ella se sorprendió y miró su hombro sin parpadear. Aecleron vaciló unos segundos para después decapitarla. La cabeza no rodó, por lo que la mirada seguía puesta en su hombro. Él escupió en su boca abierta y se quedó mirándola. Entonces se observó el hombro mientras una brisa empezó a darse en el bosque. Vio su loto negro enganchado en el hombro. Un escalofrío recorrió su cuerpo y volvió la mirada rápidamente a la hechicera. La brisa aparto el cabello suavemente mientras Aecleron observaba desesperado un pendiente en forma de lágrima en la oreja derecha de la hechicera.