Clan DLAN
21 de Noviembre de 2018
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Esta es mi magna obra y espero que la disfruteis igual que yo mientras la escribia! Gracias por leerla y espero vuestros comentarios!

-Parte I: Ocaso de destrucción

Capítulo 1: El comienzo del viaje

Hace exactamente un milenio que los demonios cumplieron parte de lo que era su objetivo. Querían detener el tiempo. Cuenta la leyenda que para ello era necesario que se destruyera el Sol y la Luna, pero un grupo de poderosos guerreros pudieron detenerles sellándoles en un templo con el poder de las cinco orbes originales, pero no resistieron el contrapoder de éstas y finalmente esos guerreros murieron. Tras cumplir la misión, esas orbes se distribuyeron por todo el planeta Tierra. Pero estos guerreros, no pudieron evitar que los demonios consiguieran parte de su objetivo, el Sol fue finalmente destruido creando un cambio en la distribución de los planetas en el universo haciendo que la Tierra se colocase en medio de otros 6 planetas o eso es lo que cuenta una leyenda que ha corrido por toda Eternia desde hace años y que pasa de generación a generación.
Sea cierta o no, muchos jóvenes han crecido con esta leyenda y Shinain es uno de ellos. Él es un joven de 19 años de aspecto saludable, mide casi 2 metros y tiene una personalidad aventura pero siempre con un cierto egoísmo, es capaz de dar su propia vida por la de sus amigos, siempre y cuando él reciba algo a cambio. Sus rasgos faciales son duros, tiene muy marcada la frente y la barbilla, sus ojos son verdes y afilados, su pelo es anaranjado de punta con algunos mechones sueltos y tiene un tatuaje tribal en la espalda que se asemeja a unas alas. Suele vestir unos pantalones vaqueros azul oscuro y una camiseta de manga larga que sólo le tapa el pectoral dejando al descubierto su abdomen bien formado y marcado. Otra de esos jóvenes que se han criado con la leyenda es Loar, la mejor amiga de Shinain, a pesar de que ella siente algo más por él, tiene 17 años, mide un metro y setenta centímetros y su personalidad es más liberal que la de él, le gusta ir de aventuras pero no le preocupa el hecho de morir y ni siquiera el de vivir, ella piensa que si muere alguien le sustituirá porque para ella nada es eterno. Sus rasgos faciales son muy finos, de labios sencillos, es decir, que no se maquilla, nariz pequeña y ojos grandes de color gris, su cabello de color verde oscuro recogido en una coleta y con mechones sueltos por la parte de delante, y lleva un collar hecho con una cuerda negra y una cara de una mujer llorando que ella misma le llama “Las Lágrimas de la Diosa”. La ropa que lleva es un pantalón negro con bolsillos y dos cintas colgadas en el cinturón y una camisa roja que le llega un poco por debajo de los codos y que lleva una cinta negra que ata los dos codos pero se estira a voluntad de la dueña.
Ellos viven en el pueblo de Rointia, un pequeño pueblo costero del continente de Eternia. Sus habitantes viven en casa hechas de cemento y con los suficientes recursos naturales para sobrevivir sin tener que viajar a la capital y aunque a veces el pueblo es asaltado por monstruos, el pueblo dispone de un grupo de guerreros que detienen todos los ataques. Ése es el sueño de Shinain desde que era pequeño: entrar en el grupo de guerreros del pueblo y ser alguien reconocido por sus méritos... y no por su físico. Pero mientras llega el momento, se dedica a buscar aventuras y ser mercenario a sueldo escoltando personas, matando grupos de monstruos o encontrando objetos perdidos. Loar le acompaña, para de esa manera, pasar más tiempo a su lado. Es así, como una noche, Shinain se levantó y después de vestirse se dirigió hacia la cabaña de los líderes del pueblo, cuatro personas que supuestamente, son todas la misma.

-¿Se puede pasar?-preguntó Shinain tras asomarse desde el exterior.
-Sí, pasa, hijo-dijeron los cuatro a la vez.

Shinain entró en la cabaña y vio por primera vez su interior. Cuatro antorchas colocadas cada una al lado de uno de los líderes y los líderes sentados en el suelo, cada uno en una esquina de la choza y con los ojos de color distinto cada uno de ellos. Sin saber que hacer, Shinain se puso en el centro de la choza y se sentó observando a los líderes que tenían los ojos azules y verdes.

-¿Para qué has venido?-preguntó el líder de los ojos rojos.
-Parece mentira que no lo sepas, Kawe-respondió el líder de los ojos verdes.
-Perdónale, Dren, ya es mayor-le contestó el líder de los ojos marrones.
-Gracias por defenderme, Jire, pero los cuatro somos igual de mayores- le dijo Kawe al de los ojos verdes.
-¿Tú que piensas Xen?-le preguntó Dren al de los ojos azules

Entonces hubo un silencio, que se rompió con un ronquido de Xen que parecía haber estado muy atento a la discusión y comenzaron todos a reírse excepto Shinain que pensaba que estaba perdiendo el tiempo.

-¿Piensas que estás perdiendo el tiempo?-preguntó Xen adivinando los pensamientos del joven-¿No es así, Shinain Jagardar?

Shinain estaba completamente sorprendido. Excepto él y su madre, nadie más sabía el apellido del cuál él se avergonzaba, ya que su padre, en una misión, se volvió loco y mató a sus compañeros devorándolos y después acabó matándose, se tiró por una montaña sabiendo lo que había hecho y el error que había cometido. Tras recordar aquella desgracia, él no dijo ninguna palabra.
-Jamás debes renunciar o avergonzarte del apellido de tu padre-dijo Kawe serenamente.

Tras este comentario, Shinain se dio cuenta de que los líderes no movían los labios y cuando oía sus palabras, sus pupilas se movían de una forma acelerada.

-Bueno, no me vengáis con charlas sobre mi padre, yo sé muy bien que debo hacer y pensar-dijo Shinain tras levantarse y sentirse humillado.
-¿Te atreves a levantarnos la voz?-preguntó desafiante Xen mientras levantaba una mano.
-...No. Pero no por miedo sino porque sois los líderes-contestó Shinain tras pensar detenidamente en la respuesta.
-Así nos gusta-dijo placidamente Dren-éste es nuestro Shinain, prepotente, valiente y contestón.

De nuevo comenzaron a reírse los cuatro pero esta vez todavía más alto, y Shinain sintió que se reían de él. De esta manera y sintiéndose completamente avergonzando pensando que si éstos cuatro eran los líderes de la ciudad qué imagen darían a los otros pueblos de Eternia. Intentando que no se diesen cuenta, Shinain puso una mano en su espada pensando en atacarles, pero no contaba con los poderes de los cuatro.

-¡Alto ahí!-dijeron los cuatro a la vez.

Entonces levantaron una mano hacia él y Shinain se quedo paralizado, no sabía que ocurría, de repente le levantaron del suelo y se quedó levitando en el aire.

-¡Ahora verás el poder de los líderes!-gritaron los cuatro a la vez con
una voz que llegaría a cualquier rincón de la Tierra.

Pasaron unos segundos y Shinain sintió como el aire se hacía más opresivo y casi no le permitía respirar. Entonces, los líderes, con la mirada fija en él, hicieron un único movimiento. Levantaron el dedo índice señalándole y de repente corrientes de aire que venían de todas las direcciones impactaron en el cuerpo de Shinain, llenando su cuerpo de heridas y toda la choza de sangre.

-¡Esto es lo que pasa por intentar atacar a los líderes!-bramaron los cuatro de nuevo.

Después de decir esto al cuerpo inconsciente de Shinain, movieron las manos haciendo un círculo y le curaron. Él se levantó pensando que había sido derrotado por cuatro viejos y que su reputación bajaría en picado.

-¿Ves Shinain?-dijo Dren con un cierto retintín en la voz- no somos tan malos después de todo.

De nuevo, comenzaron a reírse y ésta vez sí que se reían de él. Completamente derrotado, cansado y humillado se dirigió dando tumbos hacia la entrada de la choza, los líderes le habían curado pero no lo suficiente como para aguantar el peso de su propio cuerpo.

-¡Espera!-dijo Jire con una voz seria.
-Todavía no te hemos dicho para que te habíamos llamado-explicó Kawe.
-¡Dejadlo!-dijo Shinain apoyado en una pared- ya no me interesa.
-¡Ah! Pues entonces nos equivocamos en pensar que querías entrar a la guardia real del pueblo.-dijo rápidamente Xen sabiendo que había acertado.

Y así fue. Las palabras que Xen dijo resonaron en la mente de Shinain y él pensaba que como cuatro viejos que le habían derrotado en un instante y sin moverse querían que entrara en la guardia real del pueblo. Aún así, su deseo pudo más que su voluntad y permaneció allí para escuchar todo le que tenían que decirle.

-Tu prueba será ir a la cueva de Birgal donde te estará esperando uno de la guardia. Allí tendrás que encontrar dos llaves que abrirán el camino para enfrentarte a la bestia de la cueva. Tu objetivo es derrotarla y traer el cuerno que hay en su cabeza-explicó Kawe brevemente sin dirigir la mirada hacia él.
-De acuerdo, volveré mañana-dijo Shinain con un ojo cerrado por el dolor.
-Se me olvidaba una cosa,-recordó Dren en el último momento-esa chica... ¿cómo se llamaba?... Loar, ¿no? Impide que te acompañe.
-... Bien-contesto sin saber por que.

Finalmente, salió de la choza de los líderes para dirigirse hacia su casa con tal de descansar un poco y recuperar fuerzas para la misión. De camino, la gente del pueblo se le quedaba mirando preocupada por saber que le había pasado y Loar, nada más verle se dirigió corriendo hacia él y puso uno de los brazos de él encima de sus hombros para ayudarle.

-¿Qué demonios te ha pasado?-preguntó Loar totalmente preocupada por el estado de salud del joven.
-Nada, no te preocupes-respondió Shinain sin mirarle a la cara.
-¿Quieres no ser imbécil y decirme que te ha pasado?

Shinain no contestó y se quitó el brazo de encima de Loar haciendo un brusco movimiento que hizo que cayera al suelo pero con mucho esfuerzo se levantó de nuevo abriendo algunas de las heridas de su cuerpo. Loar, completamente asustada por el estado del joven, no le apartó la vista hasta que llegaron a la casa de él. Ella entró primera para preparar algún sitio cómodo en el que Shinain pudiese sentarse.

-Siéntate aquí-dijo Loar señalando una especie de sillón.

Shinain se acercó y se sentó dejando caer todo el peso de su cuerpo encima del sofá, el cuál se resintió un poco y lanzó un suspiro de agradecimiento y de descanso.

-Espera, voy a por un poco de agua para limpiarte la sangre seca y la tierra que tienes en el cuerpo-dijo Loar tras ponerse de pie y dirigirse a la cocina.

En unos segundos, ella apareció de nuevo con una palangana de agua y un paño limpio y se puso de rodillas delante de Shinain disponiéndose a limpiar las heridas.

-A saber como te has hecho esas heridas-dijo Loar recordándole a su propia madre.

Con el paño mojado, lo paso por las heridas del pecho y el abdomen de él, y Shinain se quejaba moviéndose de un lado a otro intentando soportar el escozor que sentía en todo el cuerpo.

-¡Ey! ¡No te muevas!

Tras un largo rato, Loar acabó de vendar toda la zona de las heridas del chico pensando que iba a ser una de las pocas oportunidades que iba a tener de poder tocar todo el cuerpo. Tras esto, Shinain le miró a los ojos.

-...Gracias.-dijo Shinain sin decir nada más.

Fue entonces como todos esos sentimientos que ella guardaba se juntaron en uno y sólo le dijeron una cosa: actúa. Cerró los ojos y tras pensar, se lanzó a la boca del joven, el cuál le respondió y pasaron una noche que recordarían toda su vida, ella por sus sentimientos, él porque quizá es la última vez que la ve. Tras pasar un rato junto a ella, se vistió, cogiendo su espada, un par de pociones por si las moscas y se dispuso a cumplir su objetivo. Por fin iba a realizar uno de sus sueños, ser miembro de la guardia real, si nadie ni nada lo impedía. De esta manera, se dirigió hacia la cueva situada al este de Rointia, situado junto a las costas. Pero antes de llegar, se tomó un descanso en el exterior de su ciudad. Estaba cansado entre las heridas y lo que había ocurrido hace una hora. Se tumbó en el suelo y se quedó mirando fijamente a La Luna, que estaba en todo su esplendor, entonces, pensamientos de todo tipo empezaron a correr por su mente, ser miembro de la guardia real, Loar, su misión, la luna y morir. Levantó un brazo y con la mano hizo la forma de una pistola y realizó un ademán de dispararla con su dedo índice.
Tras unos momentos, Shinain se levantó desperezándose y se dirigió hacia la cueva. Tras llegar, dos antorchas franqueaban la entrada y dentro había un guardia, y ambos en un instante se reconocieron.

-¡Eh Shinain, me alegro de verte!
-¡Hola Kritar!

Ambos se dieron la mano antes de entrar a la cueva. Kritar era más joven que Shinain, tenía un año menos pero ya es miembro de la guardia, antes incluso que él. Es casi tan alto como Shinain; su pelo moreno le llega a la cintura y hace juego con sus ojos negros. Su ropa era de las caras, una chaqueta abierta por la mitad que dejaba ver un estómago liso y unos pantalones bombachos pero ajustados hasta los muslos. Su increíble fuerza le había hecho entrar en la Guardia ya que para ser tan joven, tiene un poder superior al de otros miembros mayores.

-¿A qué has venido?-preguntó Kritar mirándole fijamente.
-Vengo a realizar la prueba-contestó Shinain haciendo un gesto de aburrimiento-tengo que encontrar algo como... dos llaves, y después matar a un monstruo.
-¡Ja! Eso para ti es muy sencillo-dijo Kritar sonriéndole.
-Sí, yo pienso lo mismo.
-Bueno, te explico. Cada llave está protegida por un guardián que se despertará nada más abras los cofres, así que, ten cuidado. Finalmente, dirígete con las llaves a la sala central donde te enfrentarás a Birgal.-explicó Kritar sin quitarle el ojo de encima a Shinain-¿entendido?
-Por supuesto-contestó dirigiéndose al interior de la cueva.

Shinain echó un vistazo general a la cueva, deteriorada por el tiempo, y llena de musgo por todas partes, prueba de que la cueva se encontraba al lado del mar. También vio la típica fauna que se podía encontrar en la cueva: lagartos de un tamaño más grande de lo normal, murciélagos, arañas... Pero nada complicado para él, así que poco a poco y con la ayuda de la espada, se fue abriendo paso hacia el interior de la cueva y llegó a uno de los dos cofres. Se quedó delante de él, con la espada en la mano y se dispuso a abrirlo preparándose para enfrentarse con el guardián. Así que lo abrió... y no ocurrió nada. Era extraño, Shinain no pensaba que Kritar se tomara en broma el sueño de su amigo, cogió la llave y se dirigió hacia el otro cofre y volvió a ocurrir lo mismo, no apareció ningún guardián.
Finalmente, con las dos llaves en mano, se dirigió hacia la sala central donde le esperaba el Birgal. Tras llegar, se dio cuenta de que inconscientemente había seguido un rastro de sangre que parecía decirle que le siguiese.
Tras abrir las dos cerraduras, se dispuso a entrar con la espada en mano por miedo a lo que se podía enfrentar, era obvio que hay había alguien más y que también era fuerte.
Cuando abrió la puerta vio el Birgal totalmente despedazado y con una mirada como si pidiese piedad y alguien más con una capa negra que no permitía ver quien era.

-¿Quién eres?-preguntó Shinain sin esperar una respuesta a cambio.

Lo único que hizo esa persona o lo que fuese fue lanzarle a Shinain el cuerno del Birgal y desaparecer. El joven se quedó de pie viendo ese horrible espectáculo de sangre y trozos de monstruo por todas partes. Alguien había hecho todo ese trabajo por él, así que se dirigió hacia el exterior pero antes...

-¡Diablos!¿Pero qué ha pasado aquí, Shinain?-preguntó Kritar totalmente sorprendido.
-He cumplido mi objetivo-sentenció Shinain-regreso al pueblo.
-¿Pero qué dices?-volvió a preguntar Kritar-¡si ni siquiera tienes la espada manchada de sangre!

Entonces, Shinain con un rápido movimiento, clavó su espada en el estómago de su amigo y la sacó por el hombro cortándole casi en dos trozos.

-¡Ahora sí está manchada de sangre!-dijo Shinain mientras se marchaba y sonreía.

Pero al salir de la cueva de Birgal, algo le llamó la atención en el horizonte. ¡Su aldea estaba en llamas!. De esta manera, Shinain corrió hacia su pueblo para buscar a los responsables del incendio antes de que se fugasen, o incluso encontrar a su madre o a Loar vivas. Pero al llegar allí se dio cuenta de que él ya no podía hacer nada para ayudar. El pueblo de Rointia se había consumido en las llamas que algún traidor o algún grupo de asaltantes había provocado y ahora Shinain y su espada reclamaban la sangre de aquellos que iniciasen el fuego. Pero una idea corría por su cabeza, lo que pasó en la cueva y en la ciudad no ha sido una casualidad, debía de haber alguna razón para ello y el hombre de la capa negra que vio en la cueva tenía que tener algo que ver con el asunto. Así que antes de poner rumbo hacia la capital del continente de Eternia hizo dos montones de tierra y puso una cruz hecha con dos palos de madera donde puso los nombres de su madre y Loar en cada una de ellas y finalmente, puso rumbo hacia Krizea.

Pasaron los días en los que Shinain pensaba en como iba a destrozar el cuerpo de aquel encapuchado que probablemente incendiara la ciudad, y finalmente, decidió en hacerle el mayor daño posible antes de que muriese, disfrutando, viendo la cara de dolor de aquella persona.
Después de otro pequeño descanso, siguió dirigiéndose hacia la ciudad de Krizea y fue entonces, cuando algo ocurrió. Las nubes del cielo se abrieron dando paso a una preciosa luz lunar, pero algo no marchaba bien. Los barcos que habían sido bañados con esa luz estaban comenzando a explotar uno a uno haciendo que la luz azul tuviera tintes rojos, lo cuál hacía más bella a esa luz. Y tras esas explosiones, la luz baño por completamente el inmenso castillo de Krizea y en ese momento, comenzaron a oírse los gritos desesperados de la gente viendo como la gente de su alrededor explotaba para, momentos después, ser ellos.
Así, el castillo comenzó a arder siendo como una estrella fugaz en el horizonte, entre gritos, explosiones... Shinain, que estaba apoyado en un árbol contemplando la destrucción de una de las grandes ciudades, se encontraba cansado pero de alguna manera, aquélla destrucción le calmaba a ese psicópata que no quería que despertara.
En el horizonte, se pudo distinguir como algo salía volando del castillo atravesando la luz lunar. Shinain, nada más que lo vio, fue corriendo hacia la ciudad, sin acercarse al radio de luz que estaba quemando toda esa área. De esa manera, se dio cuenta que estaba saliendo un dragón del castillo con dos posibles supervivientes, una mujer de capa blanca y un hombre con una armadura completa. Entonces, la mujer vio como alguien estaba mirándoles.

-¡Allí hay alguien vivo!-gritó la mujer de capa blanca.
-¿Cree que debería bajar, princesa Atla?-preguntó el hombre de la armadura.
-¡Mi deber como figura de la realeza es velar por los supervivientes y el tuyo es protegerlos, Caine!-gritó Atla de nuevo mirando al guerrero.

Tras ponerse de rodillas y acercarse a la cabeza del dragón de un color verde oscuro y piel escamosa, le puso la mano cerca del ojo y susurrándole en el oído le dijo que bajase hacia allí.
Shinain se quedó sorprendido al ver que el dragón, que llevaba un vuelo tranquilo, casi bajo en picado para dirigirse hacia donde él iba, así que se puso los dos brazos delante de los ojos para que no le entrase polvo en los ojos producido por el aleteo del dragón.
Antes de llegar al suelo, el dragón paró en seco casi en el suelo y con sus dos grandes alas aleteó por última vez antes de llegar al suelo haciendo que una nube de polvo se levantase en los alrededores del lugar dónde ellos se encontraban. Shinain finalmente se quitó los brazos de delante y vio como sus predicciones fueron correctas, una mujer de capa blanca y un hombre con armadura completa.

-¿Qué estás haciendo aquí?-preguntó Atla acercándose lentamente al joven.
-Aquí-contestó Shinain mirando alternativamente a los dos-observando el triste espectáculo.
-¿Espectáculo?-preguntó gritando el guerrero-¿Cómo osas hablarle así a una princesa, plebeyo?
Lo que le faltaba a Shinain. No tenía bastante con haber comenzado sin tener claro hacia dónde tenía que ir ni siquiera quién era su enemigo, pero su intuición le decía que éste era el camino correcto; que ahora se ha encontrado con un miembro de la realeza de Eternia, no odiaba a otras personas más que “esos cretinos que sólo miran su seguridad y no la de su pueblo”, tal y como el joven les definía.

-¡A mí no se te ocurra levantarme la voz!-gritó Shinain acercándose al caballero.
-¡Soy un miembro de la Guardia de Palacio y puedo gritarte lo que yo quiera!-exclamó Caine acercándose también a Shinain y poniendo una mano en su espada.

Entonces, Caine saco su espada y atacó a Shinain, pero éste con un rápido movimiento dio una voltereta hacia atrás y sacó su espada para realizar un contraataque que no tuvo efecto. Se notaban las habilidades de cada uno, uno como mercenario forjado en mil batallas, y el otro como guardia tras un duro y largo entrenamiento en palacio.
Atla, la cuál observaba la batalla, no pudo aguantar más y comenzó a llorar.

-... ¡¡¡BASTA YA!!!-gritó de tal manera que los dos pararon su pelea-¡Esta no es una pelea para comprobar la fuerza de los dos!¡Joder!¡Acaba de ser destruida mi ciudad y vosotros os peleáis como gorilas!

Shinain se quedó mirándola y envainó la espada y acercándose hacia ella dijo:

-Lo siento, no sabía que te afectase tanto.
-¿Qué no me afectaba tanto?-preguntó Atla totalmente escandalizada-¡Amaba mi ciudad y mi ciudad me amaba a mí!
-¿De verdad?-preguntó Shinain quedándose parado y mirando de reojo a Atla-Pues enhorabuena, quedan muy pocos como tú.

Entonces, Atla sonrió y Shinain sintió algo que aparecía en su interior por primera vez, algo que Loar no le había hecho sentir nunca.

-¿Eso se supone que debo tomarlo como un cumplido?-preguntó Atla mientras se secaba las lágrimas de los ojos.
-¡No escuche lo que dice ese plebeyo!-gritó Caine intentando inútilmente llamar la atención de la princesa.
-¡Ah! Todavía no nos hemos presentado. Mi nombre es Atla Alvirage, decimocuarta princesa del reino de Krizea-dijo Atla orgullosa de su título nobiliario-y éste de aquí es Caine Sabin, el más poderoso guerrero de la Guardia de Palacio.
-Encantado de conocerte Atla-dijo Shinain con una sonrisa en los labios-mi nombre es Shinain, vengo del pueblo de Rointia.
-¿Rointia?-preguntó Atla pasándose la mano por el pelo-Nos llegaron noticias de que el pueblo había sido incendiado por alguien. ¿Me equívoco?
-... No. Y ahora estoy buscando venganza-contestó Shinain mirando a Caine, el cuál ignoraba la conversación.
-Ah... ¿Puedo... puedo unirme a ti?-preguntó la princesa dejando al guerrero boquiabierto.
-¿Cómo? ¡Usted no puede ir con alguien que no sea de su clase!
-¡Caine!-gritó Atla echándole la bronca-Déjame que te acompañemos por lo menos hasta la siguiente ciudad donde pueda pedir ayuda.
-¿Pero para qué?-preguntó Shinain-¿Esto no es algo natural?
-En parte sí, pero han ocurrido tres a lo largo de este mes y ya no es tan normal.

Tras pensárselo un poco, Shinain decidió que si iban juntos tendría una recompensa o algo parecido o incluso caer una trampa y poder matar a una gran cantidad de guardias.

-De acuerdo, acompañarme-dijo Shinain poniéndole la mano delante de Atla.
-Gracias-dijo Atla estrechándole la mano.

En mitad del viaje, Shinain se quedó mirando a Atla y pudo comprobar su belleza. Atla era una joven de 18 años de edad, que medía poco más de Loar, es decir, un metro y setenta y dos centímetros, su larga melena negra con algunas mechas rojas le caía por toda la parte superior del cuerpo. Vestía un top blanco atado con dos cadenas que llegaban hasta el cuello, del cuál caía una capa blanca que llegaba hasta el suelo y unos pantalones largos blancos con rayas negras que era rodeado por una cadena dorada. Sus ojos eran negros con unas pestañas largas y su sonrisa, tal y como había comprobado Shinain, era preciosa.
A su lado estaba el caballero, que ahora que se había quitado el casco de la cabeza había comprobado que tenía ojos azules y pelo negro que le llegaba hasta el cuello, el resto de la armadura era plateada con algunos picos afilados que salían de los hombros y en el pecho se marcaban los músculos que probablemente tendría.
Tras echar un vistazo a sus dos compañeros de equipo, volvió a poner la vista en el camino que les llevaría hacia la ciudad donde después se separarían y tendría que decirle adiós a Atla. ¿Qué había en esa mujer que le había marcado tanto por una simple sonrisa?
Después de unas horas de camino, el grupo estaba muy cansado por lo que decidió acampar, haciendo una pequeña hoguera con algunas ramas secas que habían por allí. Entonces, se sentaron en el suelo, Shinain en una punta y Atla y Caine enfrente de él y comenzaron a hablar.

-Shinain, ¿qué harás cuándo encuentres al que quemó tu ciudad?-preguntó Atla viendo crepitar el fuego y echando un último vistazo a Krizea, la cuál había quedado totalmente arrasada.
-Le destrozaré-sentenció Shinain asombrando a Atla.
-Me parece bien, ojo por ojo, ¿no?
-Por supuesto, he perdido a mi madre y a mi amiga en ese incendio y no pude hacer nada por evitarlo.
-¡Cuidado!-gritó Caine con la espada en la mano.

Mientras estaban hablando, un grupo de orcos se había ido acercando a ellos tan sigilosamente que ni siquiera el guerrero les había escuchado llegar. Shinain empuño su espada, se pusieron espalda con espalda y comenzaron la pelea contra los orcos. Las espadas rechinaban contra la dura piel de los monstruos y los dos sólo pudieron evitar sus ataques durante un breve período de tiempo. Finalmente, Shinain intentó hacer un ataque poniendo toda su fuerza pero un orco paró la espada con la mano y le propinó un puñetazo en el estómago que le dejó inconsciente, momento que los orcos aprovecharon para llevárselo con ellos.

-¡Shinain!-dijo Atla siendo parada por Caine-¡déjame!
-... ¿Tanto te preocupa ese chico?-preguntó Caine con una mezcla de aceptación y enviada.
-Me recuerda... a un viejo conocido que murió hace tiempo.
-¡Ah! Ahora que lo dice es verdad, pero comprenda que es mi trabajo protegerla de cualquier amenaza y él representa una.
-Te entiendo, es tu trabajo-dijo Atla mirando al suelo-pero debo salvarle.

Tras esta última frase, Atla siguió la luz de la antorcha del grupo de asaltantes y tras incorporarse, Caine también la siguió.
Recorrieron un arduo camino entre el bosque siguiendo las profundas huellas que habían dejado al pasar por este camino. Finalmente, tras un corto trecho llegaron a una cueva que se abría en las montañas formada probablemente, por el paso del agua del río que había antes aquí.

-Esta debe ser la cueva donde habitarán los orcos-dijo Atla mientras se asomaba su interior.
-Sí debe ser... pero no se ve nada en su interior.
-Eso está arreglado-dijo Atla tras guiñarle el ojo a Caine.

Entonces, la princesa cogió un colgante que llevaba puesto y levantó los brazos. El colgante comenzó a brillar y el viento se levantó meciendo el pelo de Atla en el aire y haciéndola levitar levemente y de repente, una bola de luz se desprendió del colgante alumbrando un poco el exterior y el interior de la cueva.

-¡Venga, vayamos hacia dentro!-exclamó Atla con la bola de luz en la mano y con un tono de decisión que pocas veces había tenido.
-De acuerdo-dijo Caine mientras empuño su espada por posibles peligros.

Los dos comenzaron a recorrer los laberínticos túneles de la cueva y derrotando a algunos monstruos que aparecieron por su camino poco peligrosos y al final, llegaron a una sala donde había orcos comiendo y uno de ellos estaba torturando a Shinain, el cuál estaba completamente desnudo y lleno de sangre por los latigazos que recibía del orco, mostrando hacia el exterior las numerosas cicatrices que había en sus músculos.
Atla se quedó callada y una lágrima recorrió la mejilla derecha, la horrible escena le hizo recordar aquella vez en la que un conocido murió y ella no pudo hacer nada para salvarle y entonces, corrió y salto hacia el lugar ante el asombro de Caine que no pudo seguirla porque habían aparecido un par de orcos con los que tuvo que pelear.
Cuando llegó abajo del todo, los orcos acabaron lo que estaban haciendo y gruñendo cogieron las armas y se dirigieron hacia ella para matarla y poder comérsela.
Ella comenzó a andar hacia atrás, cuando llegó hacia una de las mohosas paredes de la cueva y con la bola de luz en una mano, comenzó a palpar la pared en busca de algún tipo de arma, cuando llegó a tocar una empuñadora y la cogió sin darse cuenta de que la espada estaba completamente oxidada.

-¡Estoy perdida!-gritó completamente rodeada de orcos-¡Shinain!

Por algún motivo extraño, gritó el nombre del joven como un desesperado último recurso para salvarse y entonces, la bola de la luz y la espada oxidada se juntaron, provocando una explosión de luz que cegó a todos los que estaban allí durante unos segundos y cuándo el resplandor acabó, Atla vio lo que había en su mano, una preciosa espada de luz azul creada por alguna fuerza que ella no controlaba.

-¿Qué es esto?-preguntó Atla extrañada ante tal arma.

Entonces un hacha se clavó a su derecha y reaccionó atacando a los orcos con su nueva espada de luz, la cuál era más efectiva que las armas convencionales en la piel de los orcos.
Tras acabar con ellos de una forma un poco extraña, ya que Atla no tenía ni idea de manejar un arma, se dirigió a Shinain y Caine finalmente acabó con los atacantes contra los que se enfrentaba cortándoles la cabeza.

-¡Shinain!-dijo Atla agachada acariciando la cabeza del chico.
-¡Atla!-gritó Caine tras llegar de un salto hasta donde se encontraban-¿te encuentras bien?
-¡Sí!¡Esto me...!

Ante el asombro de Atla, la espada de luz había desaparecido de su mano pero había aparecido una marca en la palma de su mano.

-¡Ya has visto lo que ha ocurrido!-dijo Atla sin poder enseñar su arma.
-¿Y como está él?-preguntó Caine mirando su cuerpo.
-Creo que está inconsciente-contestó Atla sin quitar la mano de la cabeza del chico-Esperaremos un poco a que se despierte.

Tras unas horas, Shinain se despertó viendo delante de él a Atla y al fondo a Caine limpiando su espada con unas ropas de los orcos que había encontrado tiradas por ahí.

-¡Atla!-exclamó Shinain intentando levantarse.
-¡Tranquilo Shinain, no te levantes!-dijo Atla poniendo sus manos en el pecho del joven.
-No, no te preocupes, estoy mejor-dijo mientras se levantó y estiró los brazos intentando despejar el dolor que le hacían al estar encadenado.
-¡Me alegro, pero, vístete!-dijo Atla dándose la vuelta después de haber visto por completo el cuerpo desnudo de Shinain.

Cuando terminó de vestirse dio las gracias a Atla y Caine por haberle salvado, y se dirigieron hacia el exterior pero antes una voz les llamó la atención.

-¡Shinain!-gritó una voz femenina desde uno de los túneles-¡Por fin te encuentro!
-¿Loar?-preguntó Shinain reconociendo la voz-¿Eres tú?¿Sigues viva?

Desde la oscuridad apareció Loar sin ningún rasguño y con el pelo suelto, saltó hacia abajo y corrió para abrazar a Shinain.

-¡Pensaba que habías muerto en el incendio!-exclamo Shinain mientras la abrazaba exhorto de felicidad.
-Me abandonaste-dijo Loar clavando las uñas en la espalda del chico.
-¿Cómo?-preguntó extrañado separándose de ella.
-Me abandonaste después de que lo hiciésemos-contestó Loar haciendo que Atla se quedase con la boca abierta y dañada por la revelación.
-Es que... tenía que dirigirme a una misión-se disculpó Shinain.
-¿Es más importante para ti una misión que yo?-pregunto Loar de nuevo.
-Pero esa misión me permitía cumplir uno de mis deseos, entrar en la Guardia del pueblo-contestó Shinain poniendo una mano en el hombro de ella.
-¡No me toques!-gritó Loar mientras empuño su lanza de doble filo-¡No te perdonaré lo que me hiciste! ¡Si tú te hubieses quedado hubiéramos muerto los dos! ¡Pero ahora es tu turno de morir!