Clan DLAN
20 de Febrero de 2018
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El resplandor. Stephen King. Editorial Debolsillo.


REDRUM. Esa es la palabra que Danny había visto en el espejo. Y aunque no sabía leer, entendio que era un mensaje de horror. Danny tenía cinco años. Y a esa edad pocos niños saben que los espejos invierten las imágenes y menos aún saben diferenciar entre realidad y fantasía. Pero Danny tenía pruebas de que sus fantasías relacionadas con el resplandor del espejo acabarían cumpliéndose: REDRUM... MURDER, asesinato.


Fragmento extraído de la segunda parte, "El día del cierre", capítulo 11: "El esplendor"


[color="#FF6666"> No pudo seguir. Hallorann estalló en una risa incontenible. Danny sonreía, intrigado, hasta que finalmente la tormenta fue remitiendo. Como si fuera una bandera blanca de rendición, Hallorann sacó del bolsillo un gran pañuelo de seda blanca y se secó los ojos llorosos.
-Muchacho –dijo, respirando todavía con dificultad-, te aseguro que sabrás todo lo que se puede saber de la condición humana antes de llegar a los diez años. No sé si envidiarte o no.
-Pero la señora Brant…
-No te preocupes por ella. Ni se lo preguntes a tu madre, porque no harías más que ponerla en un aprieto, ¿lo entiendes?
-Si señor –respondió Danny. Lo entendía perfectamente. Otras veces había puesto a su madre en aprietos de esa clase.
-Lo único que necesitas saber es que la señora Brant no es más que una vieja sucia llena de picazones. –Miró a Danny con aire intrigado-. ¿Puedes golpear muy fuerte, doc?
-¿Qué?
-Échame un soplo, piensa en mí. Quiero saber si tienes tanto como creo.
-¿Qué quiere que piense?
-Cualquier cosa, pero con fuerza.
-De acuerdo asintió Danny, concentrándose en enviar a Hallorann el contenido de sus pensamientos. Jamás había hecho nada semejante, y en el último momento algo instintivo se movilizó en él para suavizar la fuerza bruta de su mensaje porque no quería hacer daño al señor Hallorann. No obstante, el pensamiento brotó de él como una flecha con una fuerza inimaginable, como una pelota con efecto: ¡Hola, Dick!
Hallorann se encogió y se echó hacia atrás en el asiento. Sus dientes entrechocaron con un ruido áspero, y una gota de sangre apareció en su labio inferior. Inconscientemente se llevó las manos al pecho y volvieron a bajar. Por un momento, sin poder controlarse, parpadeó, azorado. Danny se asustó.
-¿Señor Hallorann?¿Dick…?¿Estás bien?
-No lo sé –respondió Hallorann, con una risa incierta-. Realmente no lo sé. Dios mío, muchacho, eres una pistola.
-Lo siento –se disculpó Danny, aún más alarmado-. ¿Voy a buscar a papá?
-No, ya se me pasa. Estoy bien, Danny. Quédate aquí. Me siento un poco alterado, nada más.
-Pero yo no lo hice tan fuerte como podía –confesó Danny-. En el último momento me asusté.
-Pues al parecer tuve suerte… De lo contrario, se me estarían saliendo los sesos por las orejas. –Sonrió al verla alarma reflejada en el rostro del chico-. Pero no me hiciste daño. Ahora, dime qué sentiste.
-Fue como si hubiera tirado una pelota de béisbol con efecto.
-¿Así que te gusta el béisbol? –preguntó Hallorann, enjugándose las sienes con cuidado.
-A papá y a mí nos gusta mucho –respondió Danny-. Cuando jugaron el mundial, vi por televisión a los Red Sox contra Cincinatti. Entonces, yo era mucho mas pequeño y papá era… -el rostro de Danny se nubló.
-¿Qué era Dan?
-Lo olvidé –repuso y se llevó la mano a la boca para chuparse el dedo pulgar, pero era un recurso de bebé. La mano volvió a su regazo.
-¿Puedes saber en qué están pensando tu madre y tu padre, Danny? –Hallorann lo observaba atentamente.
-La mayoría de las veces, si quiero. Pero casi nunca lo intento.
-¿Por qué no?
-Bueno… -Turbado, se interrumpió-: Sería como espiar dentro del dormitorio mientras están haciendo eso que sirve para hacer bebés. ¿Sabe a lo que me refiero?
-Alguna vez lo he sabido –respondió con seriedad Hallorann.
-A ellos no les gustaría. Tampoco les gustaría que espiara lo que piensen. Sería algo sucio.
-Entiendo.
-Pero sí sé cómo se sienten –continúo Danny-. Eso no puedo evitarlo. También sé cómo se siente usted. Le hice daño, y lo siento.
-No es más que un dolor de cabeza. Algunas resacas son peores. ¿Puedes leer a otras personas, Danny?
-Todavía no se leer nada -respondió Danny-, salvo unas pocas palabras. Pero este invierno, papá me enseñará. Mi papá enseñaba a leer y a escribir en una escuela grande. Sobre todo a escribir, pero también puede enseñar a leer.
-Me refiero a si puedes decir lo que alguien está pensando:
Danny guardó silencio unos segundos y respondió:
-Puedo, si es FUERTE. Como pasó con la señora Brant y los pantalones. O como cuando mamá y yo fuimos a unos grandes almacenes para comprar zapatos, y había un muchacho mayor mirando radios, estaba pensando en llevarse una, pero sin comprarla. ¿Y si me cogen?, pensaba y volvía a pensar en lo mucho que la deseaba. Se sentía mal de tanto pensarlo, y yo tambien. Como mamá estaba hablando con el hombre que vendía los zapatos, me acerqué al chico y le dije: <<Oye, no te lleves esa radio. Vete.>> Seasustó muchísimo, y se fue a toda prisa.
Hallorann lo miraba con una ancha sonrisa.
-Apuesto a que sí. ¿Qué más puedes hacer, Danny?¿Son sólo esas ideas y sentimientos, o hay algo más?
-¿Para ti hay algo más? –inquirió Danny con cierta cautela.
-A veces –admitió Hallorann-. No siempre. A veces… hay sueños. ¿Tú también sueñas, Danny?
-A veces sueño cuando estoy despierto –contestó Danny-. Cuando viene Tony… -El dedo pulgar pugnaba por metérsele en la boca. Jamás había hablado de Tony con nadie, salvo con sus padres.
-¿Quién es Tony?
Súbitamente Danny se vio agotado por uno de esos relámpagos de entendimiento que tanto lo asustaban. Era como un atisbo de conocimiento en el interior de un mecanismo incomprensible, que tanto podía ser seguro como mortalmente peligroso. Danny era demasiado pequeño para distinguir entre ambos, demasiado pequeño para entender.
-¿Qué pasa? –exclamó-. Me preguntas todo esto porque estás preocupado, ¿no es eso?¿Por qué te preocupas por mí?¿Por qué te preocupas por NOSOTROS?
Hallorann puso sus grandes manos sobre los hombros del niño y dijo:
-No importa. Quizá no sea nada, pero si me equivoco… Verás, lo que tienes en la cabeza es algo muy grande, Danny. Supongo que tendrás que crecer mucho antes de poder manejarlo. Eso te exigirá valor.
-¿Pero hay cosas que no ENTIENDO? –exclamó Danny-. ¡Que ENTIENDO… pero NO! La gente… siente cosas, y yo también las siento, ¡pero no sé qué es lo que siento! – Con aire desdichado, se miró las manos-. Ojalá supiera leer. A veces Tony me muestra señales y no sé leer casi ninguna.
-¿Quién es Tony? –insistió Hallorann.
-Mamá y papá lo llaman <<mi compañero de juegos invisible>> -respondió Danny, recitando cuidadosamente las palabras-. Pero es real, de veras. Por lo menos, es lo que yo creo. A veces, cuando me esfuerzo por entender las cosas, él viene y me dice: >>Danny, quiero enseñarte algo.>> Y es como si me desmayara. Sólo que… hay sueños, como tú dijiste. –Mientras miraba a Hallorann, tragó saliva-. Antes eran bonitos, pero ahora… no recuerdo cómo se llaman esos sueños que lo asustan a uno y lo hacen llorar.
-¿Pesadillas?
-Sí, eso es. Pesadillas.
-¿En tus pesadillas aparece este lugar?¿Aparece el Overlook?
Danny volvió a mirarse el dedo pulgar.[/color]