Clan DLAN
21 de Agosto de 2018
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bueno este es el fragmento que creo que a mi y a tantos otros lectores de la dragonlance nos a echo mirar atras y agradecer a Margaret Weis y a Tracy Hickman toda la saga de fantasia que nos regalaron. una frase que como se dice, no entrara en la historia, pero que por su culpa miles de lectores nos enamoramos de esta saga.


atencion
puede contener spoilers de La Tumba de Huma.








El recuerdo quedó atrás. Tanis consideró su decisión. Podía volver a su casa, pero sería un lugar solo y vacío-¡tan vacío!- donde sólo habría ecos. Se vio a sí mismo yendo y viniendo por las habitaciones, preguntándose qué habría ocurrido en la torre, preguntándose si Lausana estaría a salvo, preguntándose si Gil se encontraría bien, preguntándose si Palanthas estaría siendo atacada, consumido por la impaciencia de no saber nada, corriendo a la puerta cada vez que sonara el trapaleo de cascos, culpándose…
Pide consejo a los dioses.
Abajo, en el patio, la Hija Venerable Crysania se había sentado en el lomo de Fuego Dorado. El tigre de ojos humanos estaba a su lado, protectoramente. Tanis miro a la dama y oyó otra vez sus palabras:
<Si es que hay alguien escuchando…>
El tigre alzó la cabeza y miro hacia arriba, directamente a Tanis. Y entonces, como si el animal hubiera trasmitido alguna información, Crysania volvió sus ojos ciegos, que tanto parecían ver, hacia el semielfo. Levantó la mano en un gesto de bendición… ¿O era de despedida?
El dolor de la elección ceso. Tanis supo entonces que ya había tomado una decisión. Lo había hecho hace mucho tiempo, en el preciso momento en el que la Vara de Cristal Azul, Goldmoon y Riverwind habían entrado en su vida, allá, en la posada El Último Hogar. Tanis evocó aquel momento y las palabras memorables que había pronunciado en aquella ocasión; palabras que habían cambiado su vida para siempre.
-Disculpa, ¿decías algo?-Thomas miraba al semielfo perplejo y algo preocupado.
<Seguro que está pensando que es demasiada tensión para que pueda aguantarla un viejo.> Tanis sonrió y sacudió ola cabeza.
-No tiene importancia, milord. Solo revivía viejos recuerdos.
Su mirada, perdida en Crysania, fue hacia un lugar de las almenas; un lugar marcado con una mancha carmesí; un lugar reverenciado por los caballeros, que jamás caminaban sobre él, evitando pisar las piedras manchadas de sangre, rodeándolas en respetuoso silencio. Tanis casi podía ver a Sturm plantado allí, y supo que había hecho la elección correcta.
El semielfo repitió las palabras ahora, como lo había echo antes. No era de extrañar que sir Thomas se hubiera mostrado desconcertado. No eran unas palabras inspiradoras; no eran la clase de palabras que resonarían en las bóvedas de la historia. Sin embargo, si decían mucho del extraño, ilógico, dispar grupo de amigos que había surgido para cambiar el destino del mundo.
-Tendremos que salir por la cocina.
Riéndose, Tanis dio media vuelta y regreso al interior de la torre.