Clan DLAN
21 de Agosto de 2018
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Título: La Tabla de Flandes
Autor: Arturo Pérez-Reverte
Año de publicación: 1990
Género: Misterio
Nota: 8 (Excelente)


Argumento y crítica.

Julia, una joven y atractiva restauradora de arte, descubre un misterioso mensaje en latín escondido en un cuadro del maestro flamenco Pieter Van Huys, titulado La partida de ajedrez, en el que aparecen dos caballeros jugando al ajedrez, contemplados por una dama vestida de negro. El mensaje oculto, quis necavit equitem (¿quién mató al caballero?), oculta a su vez un misterio y da pie a que Julia se embarque en su resolución ayudada por un par de curiosos personajes: César, homosexual cincuentón que ha actuado como confidente y guía espiritual de Julia desde que murió su padre; y Muñoz, anodino y gris personaje con un enorme talento innato para el ajedrez. ¿Quién mató al caballero? La búsqueda del asesino, quinientos años después del crimen, sólo se podrá resolver desentrañando el misterio que encierra la partida de ajedrez, misterio que envolverá a todos ellos y pondrá en peligro sus propias vidas…

Con este interesante argumento comenzamos a leer una historia que se va complicando, y a nosotros nos va enganchando, más y más a medida que avanza. Al inicio de la novela, se nos presenta el cuadro de una forma casual y casi descuidada, aunque poniendo cierto énfasis en que alrededor de ese cuadro va a girar toda la novela: “Fue entonces cuando [Julia] comprendió que La partida de ajedrez iba a ser algo más que simple rutina profesional.” Julia ve inmediatamente que en ese cuadro hay algo raro, y es cuando decide ir buscando la ayuda del resto de los personajes principales. Lo mismo que hacemos nosotros, que vamos descubriendo el meollo de la cuestión exactamente al mismo tiempo que lo va haciendo Julia, y de una forma ordenada y coherente. Nos llevamos exactamente las mismas sorpresas que se lleva Julia, y éstas nos impactan más o menos lo mismo que a ella; sabemos lo que ella sabe, e ignoramos lo que ella ignora. Vamos, que es fácil deducir que ella es la protagonista absoluta. Es una muchacha inteligente, atractiva, y muy buena en su trabajo, por lo que sus servicios profesionales como restauradora son muy cotizados. Es una mujer con carácter, valiente, intuitiva, pero con cierto aire de ingenuidad infantil que la hace aún más adorable y vulnerable, lo que contribuye a que nosotros, como lectores, estemos más preocupados por su destino.

Los otros personajes principales son César y Muñoz. César es un anticuario cincuentón y homosexual, muy culto y refinado, que quiere a Julia tanto o más que a sí mismo. Cuando el padre de Julia murió, siendo ella aún una niña, César se convirtió en algo así como el padre-guía espiritual-amigo de ella. Siempre está ahí para que ella le llore, para que ella le cuente, para que ella le confiese, y sabe escuchar, así que en este asunto no va a ser menos. De Muñoz, siempre vestido con su gabardina larga, sólo sabemos que es un gran jugador aficionado de ajedrez con la extraña costumbre de no ganar las partidas. Es un hombre excéntrico, extraño y callado; sus únicas demostraciones de entusiasmo son un brillo especial en los ojos cuando el ajedrez está de por medio, y una leve mueca en la boca que se asemeja ligeramente al comienzo de una tímida sonrisa. Pero se revela un gran detective gracias a su capacidad para la deducción lógica que le brinda su talento como ajedrecista, como la misma Julia parece pensar cuando se le ocurre la comparación de “Sherlock Muñoz y Julia Watson”.

Julia, César y Muñoz son la terna principal de la novela, que se entremezcla con el resto de personajes, los actores “de reparto”. Menchu, amiga de Julia, es una galerista esnob y cuarentona que disfruta con la juerga nocturna, con los amantes más jóvenes que ella, y con el dinero; su última “adquisición” es Max, un galán veinteañero que no causa buena impresión ni a César ni a Julia. Paco Montegrifo es el representante de la casa de subastas Claymore, que es la que se encargará de subastar el cuadro una vez Julia termine su trabajo. Es un hombre que bajo la apariencia de la elegancia, la clase y los buenos modales, además de su perfecta dentadura, que nunca duda en lucir, esconde una personalidad sin escrúpulos que será capaz de cualquier cosa para conseguir sus objetivos. El dueño del cuadro se llama Manuel Belmonte, y es un anciano algo enigmático y muy culto que tiene que desplazarse en una silla de ruedas, y que siempre que Julia va a verle escucha a Bach. Tiene que vender el cuadro para que su sobrina Lola, una mujer amargada, y el marido de ésta, Alfonso, un vividor empedernido, sigan ocupándose “altruistamente” de él. El cuadro de la novela lo completan Álvaro, un ex de Julia que rompió con ella por quedarse con su mujer, el inspector Feijóo, un poco inoperante y “un bastante” corrupto, y los tres personajes del cuadro, que siempre están ahí: Fernando de Ostemburgo, su esposa, Beatriz de Borgoña, y Roger de Arras, el caballero.

La manera de escribir de Pérez-Reverte es muy lograda. Su dominio y su manejo del lenguaje son extraordinarios, y gracias a ello la novela se lee perfectamente a pesar de incluir pequeños tecnicismos del mundo del ajedrez y de la pintura. Utiliza descripciones perfectas para presentarnos personajes, caracteres, situaciones… Sobre todo se centra en los personajes, y en el propio cuadro, cuya escena nos es descrita varias veces, desde diferentes niveles, y desde diferentes puntos de vista, según lo ven los diferentes personajes, lo cual se debe a que es el elemento fundamental de la novela. A los personajes nos los va presentando sin prisa, pero con todos los detalles, primero físicamente y luego psicológicamente (aunque a veces la valoración de un personaje en cuestión se basa en la opinión de otro personaje). El narrador es en tercera persona, y no es omnisciente, dándole así un toque más realista a la novela, a la vez que más sensación de suspense, que va aumentando a medida que ésta va avanzando. A su vez, la historia está claramente dividida en dos partes diferenciadas: desde el comienzo hasta que se resuelve el misterio del cuadro, y desde ahí hasta el final. La primera parte es como una mini-novela, que el lector vivirá con impaciencia hasta que comienza la segunda parte, la verdadera trama y el verdadero fundamento de la intriga. El autor cuida los detalles, lo que se ve en, por ejemplo, los títulos de los capítulos, y las citas de novelas o personajes famosos relacionados con el ajedrez que los siguen.

En resumen, es un libro muy recomendable. Es muy divertido, interesante, emocionante, y atrapará al lector desde casi el principio, si no es aficionado a la pintura, y desde el principio, si lo es. Una novela que mezcla a la perfección el arte, el ajedrez, el pasado y el presente, dando como resultado una narración extraordinaria que no defraudará a ningún aficionado al suspense y al misterio.






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