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20 de Febrero de 2018
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CÁNTICO POR LEIBOWITZ



[color="#FF8C00">Autor: Walter M. Miller Jr.

Género: Ciencia Ficción

Año de la Primera Edición: 1960

Premios: Hugo Mejor Novela
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Los libros que más me calan son los huidizos; textos esquivos que me sortean continuamente, hasta que les doy alcance, los señalo, los leo y domestico. La primera vez que oí hablar de Cántico por Leibowitz fue en 2003, un amigo lo buscaba pacientemente, pero apenas llegó a ser editado en castellano, y hacía tiempo que se encontraba agotado. Me uní en su peregrinaje silencioso, intermitente, hasta dar con el libro. Acaba de salir una nueva versión en formato de bolsillo, pero me adelanté y encontré una edición de 1999 en una biblioteca oculta tras una sinagoga en Madrid. Podía haberlo leído antes, pero es la espera lo que le confiere delicadeza al juego.

Cántico por Leibowitz es obra de Walter M. Miller, autor habitual de relatos breves de Ciencia Ficción. Se trata de la única novela larga que vio publicada en vida. En 1961 se alzó con el premio de Ciencia Ficción Hugo, y pronto se convertiría en uno de los referentes principales en cuanto a novelas que trataban un futuro post-apocalíptico. Después de esta obra, Miller no volvería a publicar. La continuación de su primera y única novela, San Leibowitz y la mujer caballo salvaje, la comenzaría a escribir durante la década de los ochenta y la dejaría sin terminar a su muerte en 1996. Este libro, que para sus seguidores era ya casi una leyenda antes de ser publicado, saldría a la luz un año después de su fallecimiento, gracias a la labor de Terry Bisson.

Cántico por Leibowitz está formado por tres historias independientes, separadas entre sí por un vacío de siglos intermedios, aunque unidas por un mismo protagonista: la abadía de Leibowitz, ubicada en el desierto del oeste de los antiguos EE.UU., y las personas que viven en ella. La obra comienza con Fiat homo, describiendo cómo seiscientos años después de que la guerra nuclear, el Diluvio de Fuego, sacudiera a la humanidad, y la Era de la Simplificación asolara los restos de una cultura que se había condenado a sí misma, la orden Albertiana de Leibowitz trata de ocultar un conocimiento fragmentado, para que en un futuro vuelva a ser estudiado. De esta forma, Walter M. Miller, convertido al catolicismo al llegar a la madurez, le confiere a la Iglesia Católica el mismo papel que tuvo durante la Edad Media como protector, guardián, copista del saber de una era barrida por la barbarie.

El segundo relato, Fiat lux, describe una época que coincidiría con nuestro Renacimiento, de forma que por primera vez personas ajenas a la orden se interesan por descubrir en la Memorabilia los retales de un conocimiento que los monjes han librado durante siglos del fuego. Finalmente, en Fiat voluntas tua la humanidad ha alcanzado un nivel tecnológico similar al que originó su caída ¿Qué ocurrirá en esta nueva oportunidad después de haber sufrido ya las consecuencias de una guerra nuclear?

La obra de Miller parece coincidir con los argumentos de Toynbee sobre una historia cíclica, de forma que los pueblos se desarrollan como resultado de enfrentarse a un desafío concreto, y alcanzan su esplendor para posteriormente caer y ser barridos por una sociedad bárbara, más pujante. De esta manera, la historia que Miller nos sitúa en un contexto cercano al año 2600 d.C., podríamos llevarla a las postrimerías de la caída de la Roma clásica, y convertir un libro de Ciencia Ficción en una novela histórica limando un par de aspectos. No era ésa su intención. Por el contrario, Miller filtra el miedo característico de los años 50 a una guerra nuclear a gran escala, y lo observa desde el punto de vista de una constante a lo largo de la civilización occidental como es la Iglesia Católica. La obra carece de una compleja trama que te absorba en una intrincada red de conspiraciones y giros argumentales, pero lo reemplaza por la profundidad de una idea mimada a lo largo de una novela elegantemente escrita. Los personajes están sujetos con corsé, debido a la rigidez moral de la orden a la que pertenecen casi todos sus protagonistas, pero dentro de la misma orden se contempla el debate sobre lo que deben hacer con un legado que no comprenden. Primero sufren la ira de los demás por proteger algo que ha provocado todos los males de la humanidad, para luego ser ignorados y finalmente acusados de esconder un tesoro que no les pertenecía sólo a ellos. De este modo, Cántico por Leibowitz no es tanto la defensa acérrima de una religión concreta, sino la reflexión desde la cercanía de una forma de comprender y vivir la fe. Además, hay elementos cargados de ironía que te arrancan una sonrisa en el momento más inesperado, así como debates actuales como el de la eutanasia.

En definitiva, Cántico por Leibowitz es una obra que me ha entusiasmado, la espera ha merecido la pena para saborearla con calma. El texto está repleto de personajes singulares, que se mueven por motivos no siempre comprensibles. Pero, sin duda, lo que más me fascina de esta obra es el misticismo que esconde. Dentro de la coherencia de una obra sólida, aparecen elementos que pueden descolocarnos, que no son propios de nuestro momento, como el peregrino que busca a su salvador, o una niña libre del pecado original.