Clan DLAN
25 de Mayo de 2018
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El Señor de los Anillos


¿Quién no conoce El señor de los anillos a estas alturas de la vida? ¿Qué se puede decir del, para los lectores, mejor libro del siglo XX? El argumento es de sobra conocido. El hobbit Frodo hereda un anillo de su tío Bilbo, y, cuando el mago Gandalf descubre que es un anillo que lleva imbuido todo el mal del supervillano de la Tierra Media, Sauron, se embarca en un viaje que le llevará hasta el Monte del Destino, en las mismas entrañas de Mordor, la tierra del supervillano, para destruirlo en el único lugar del mundo en el que se puede hacer, el mismo donde fue forjado.

Tras unos inicios titubeantes, el libro gana tremendamente en intensidad. Mucha gente se queja de que el principio del libro es poco menos que soporífero, aunque la realidad, que sólo se puede observar desde el punto de vista del libro como continuación de El Hobbit, es que lo que hace es enlazar una historia con la otra. Sí, son muchas páginas quizá, pero el amor de Tolkien por los hobbits requería un comienzo así, los hobbits se tenían ganada su participación en la historia, aparte de los cuatro miembros de la Comunidad. Creo que para eso, entre otras cosas, es para lo que el Profesor Tolkien incluye ese principio y, quizá, también ese final. Y no hay más que ver el cuidado con el que el Profesor creó genealogías, parentescos, nombres, apellidos, aldeas... Todo en La Comarca está cuidado y pensado, hasta el más mínimo detalle, y cualquiera que haya leído el primer tomo de La historia de El Señor de los Anillos ha podido comprobarlo.

Puede que el comienzo adolezca de falta de acción, pero en cuanto comienza el viaje se acaba la tranquilidad para los hobbits y también para el lector. Uno coge el libro y luego sufre cada vez que las circunstancias de la vida real le hacen dejarlo: las horas de sueño y de ocio con otros seres humanos se hacen más escasas, y estos son sólo dos de los efectos secundarios. La historia te atrapa irremediablemente, te introduce dentro del mundo del libro, te hace cogerle un tremendo cariño a la Comunidad y sentirte identificado con todos y cada uno de los personajes más carismáticos. Sufres cuando Gandalf cae en Moria, y saltas de alegría cuando ese viejo encapuchado de Fangorn se descubre y resulta que es Gandalf “resucitado”. Estás ansioso como los tres cazadores que persiguen a 200 orcos para rescatar a Pippin y a Merry, sufres por el destino de los ents y te enfadas de la misma manera que lo hacen ellos, deseando la derrota de Saruman, que una vez te pareció poderoso a través de las palabras de Gandalf. Primero sientes admiración reverente hacia los elfos, como Sam, y más tarde hacia Frodo, que conoce su lengua y ellos muestran respeto por él; luego sientes la misma tristeza que sienten las demás criaturas mortales porque abandonan la Tierra Media. Te precupas tremendamente por el destino de los Pueblos Libres y tus pensamientos comienzan a ensombrecerse viendo el poder de los ejércitos oscuros. Sientes la misma impotencia que Sam cuando en un principio Frodo no destruye el anillo, y Gandalf termina por convertirse en tu personaje favorito cuando el anillo es destruido y todo lo que él dice se hace realidad.

Y cuanto más avanza la historia, más atrapado te mantiene. Las aventuras que tanto te hicieron preocuparte por los hobbits en el Bosque Viejo y las Quebradas de los Túmulos no son nada comparadas con la Batalla de los Campos del Pelennor, con el Antro de Ella-Laraña o con el desenlace final de la historia principal entre Frodo y Gollum en las Grietas del Destino. Los personajes realizan sus propios viajes iniciáticos en los que aprenden, evolucionan, crecen espiritualmente, o no consiguen evolucionar y mueren, como Boromir. Los rufianes humanos que hacían el mal en La Comarca a las órdenes de Zarquino no tienen nada que hacer contra dos hobbits que han vencido al Señor Oscuro y otros dos que han luchado para Gondor y para la Marca en las batallas más importantes y decisivas de la Tercera Edad, no hay problemas para derrotarlos. Y el final agridulce no es más que la guinda perfecta para un pastel que resulta delicioso al paladar y que no quieres acabar a pesar de devorarlo con fruición durante días.

Todos estos elementos, y algunos más, se entremezclan sinérgicamente gracias el arte y la maestría del Profesor Tolkien, filólogo y amante de las lenguas, de la mitología, y de su tierra, los Midlands ingleses. El hombre que supo crear una mitología para su país, carente de ella, y convertirla en una historia legible, con ritmo, con suspense, con acción, totalmente en consonancia con los tiempos en los que fue creada. Las diversas mitologías del crisol de culturas que a lo largo de la Historia dieron forma a su pueblo, a su gente, son las que deberían dar forma también a su mitología, a la mitología inglesa. Tomó el idioma que él mismo había inventado a lo largo de varios años y lo aderezó con personajes originales y fantásticos y con todas las influencias que había recibido a lo largo de su vida. En su obra maestra plasmó su amor por el campo, por lo tradicional, y también incluyó su gran religiosidad católica en muchos pasajes. Y éstas son solo dos de las principales.

El señor de los anillos es una obra magna, que a muchos se nos hace corta a pesar del número de páginas, y que destila imaginación, maestría y casi perfección por los cuatro costados. Tiene defectos, lógicamente, pero en conjunto la valoración es claramente excelsa. Es el mejor libro del siglo XX, aunque haya gente que no lo soporte, que no sea capaz de leerlo, y que no lo trague, pero siempre habrá más gente que se lo leerá cada año, y que cada vez que se lo lea descubrirá cosas nuevas y sorprendentes. Al fin y al cabo, para gustos se hicieron los colores. Y la mayoría tiene claros cuáles son estos gustos.

Pero... ¿es para ti el mejor libro del siglo pasado? ¿Por qué?





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