Clan DLAN
21 de Noviembre de 2018
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Título: Máscaras de Matar
Autor: León Arsenal
Editorial: Minotauro
Año de la Edición: 2004
Extensión: 285 Páginas
Premio internacional de ciencia ficción y literatura fantástica Minotauro 2004.



He de reconocer que el hecho toparme con el típico mapa tolkieniano al abordar el presente libro me echó un poco para atrás. Me lo veía venir: las típicas razas, los clásicos territorios, las sempiternas batallas…, fue de agradecer que no fuera el caso. León Arsenal ha dibujado con sumo cuidado un mundo poblado por variopintas tribus a las que ha otorgado una compleja estructura social. Valga el ejemplo de los Armas: principal pueblo del territorio de Seis Dedos, estamentado en secciones religiosas (Sacerdotes, Altacopas y Brujas) y guerreras (hombres León, Lobo, Serpiente y demás ferales) estos últimos identificados siempre por máscaras características. Los Armas están a su vez escindidos de gargales y en parentesco con el pueblo mediarma que comprende diversos grupúsculos como los montañeses, guiados por un dios-vivo o los eredales víbora y culebra. Luego está el resto de pueblos: mestizos, pandalumes, trocalumes, goro, manamaragas, caralocas etc. Todos y cada uno con su esquema social y un papel bien definido en la trama. Esto viene a ser, pues, una descripción a grandes rasgos de una pequeña parte del complejo universo que conforma la historia.

El autor nos habla de las aventuras de Corocota, un cazador de cabezas Arma, y de sus compañeros en la tortuosa persecución de la anatemizada bruja Tuga Tursa. Una búsqueda que devendrá en incursión bélica a raíz de las conspiraciones de la Máscara Real y el Cufa Sabut, máscaras de inmenso poder forjadas en tiempos remotos con el fin de pacificar los territorios, ahora en malas manos. El libro se disfruta, Arsenal evoca lugares y situaciones con gran habilidad y esta es sin duda una de sus grandes bazas. La fuerza de la historia recae en dos puntos: en primer lugar la complejidad del mundo en el que se desarrolla el argumento de Máscaras de matar, el carácter que el autor ha sabido imprimir con maestría a sus pobladores, lo que hace que lo que se nos presenta resulte creíble y sugerente; por otro lado la habilidad descriptiva del autor, recreando escenarios de gran riqueza y mostrándonos personajes que en ningún momento resultan planos. En el transcurso de la narración encontramos situaciones deslumbrantes, como es el caso del encontronazo del ogro cabruno Tavarusa con los asesinos talafurata en la plaza de la Fragua o el ataque al campamento del dios jabalí Gochora. Pero si bien es cierto que este título presume de numerosos retazos de calidad literaria no podemos eludir determinados detalles que en ocasiones la empañan. Ejemplos de esto último son, ante todo, las carencias de Arsenal como narrador. El ritmo de la narración es en muchas ocasiones incómodamente irregular, deteniéndose de forma innecesaria en redundantes aclaraciones o atiborrando al personal con una sarta de términos que resultan agotadores, dando la impresión de que en autor se olvida por momentos de la existencia de los lectores. En ocasiones tropieza repitiéndose hasta la saciedad en detalles como la utilización indiscriminada de la palabra “soslayo”, la fijación que parece sentir por las reiteradísimas mujeres embadurnadas en aceite y ajorcas de bronce y oro en muñecas y tobillos o la atorrante manía que tiene el personaje de Palo Vento de pasarse la mano por la calva.

Si hemos de atenernos a referencias, no podemos obviar las fuentes de inspiración que para la recreación del universo de Máscaras… han supuesto la literatura fantástica clásica en la onda de Tolkien o los libros de espada y brujería, me refiero en este caso a la saga de Conan de Robert E. Howard, de la cual Arsenal parece imbuirse en numerosos casos puesto que no hablamos de fantasía angelical, si no de la sangre sobre el acero, los huesos que crujen bajo el poder de un hechizo o las suntuosas curvas de una libidinosa sacerdotisa. Como curiosidad, señalar el origen del nombre del protagonista de la historia que Arsenal toma del caudillo cántabro Corocota, por cuya cabeza el emperador romano Octavio Augusto ofrecía 250.000 denarios. Resultó que un buen día el insurgente hispano se personó ante el César reclamando la recompensa por su propia cabeza y tan asombrado quedó este ante tamaña demostración de coraje que pagó lo acordado y lo dejó marchar.

Con todo, Máscaras de matar representa una agradable lectura para los amantes de la fantasía épica, un reseñable ejercicio de estilo dentro de ese despoblado terreno que es la literatura fantástica de manufactura nacional.





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